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La belleza que simplemente sucede

Una defensa de la evolución de la belleza como algo independiente de la selección natural.

LA EVOLUCIÓN DE LA BELLEZA
DE CÓMO LA TEORÍA OLVIDADA DE DARWIN EXPLICA LA ATRACCIÓN SEXUAL Y CÓMO LOS ANIMALES Y LOS HUMANOS ELIGEN PAREJA
Richard O. Prum
Ático de los Libros, 2019

Richard Prum, profesor de la Universidad Yale y avezado y prestigioso ornitólogo y biólogo evolutivo, propone en este libro reivindicar la tesis inicial de Darwin sobre la evolución de las preferencias de pareja y los ornamentos. El libro gira sobre la selección de pareja basada en la apreciación de caracteres estéticos, y el objetivo final es entender el porqué, así como las consecuencias, de la existencia de la belleza en la naturaleza.

No es este un tema trivial, puesto que, si no existiera la selección sexual, el mundo sería un lugar muy distinto del que conocemos —además de monótono y aburrido, casi como en blanco y negro—. Para verlo, basta con que nos preguntemos cómo seríamos nosotros, física y socialmente, si no existieran las preferencias de pareja y si no hubiera cierta libertad en la elección de compañeros sexuales y reproductivos.

Prum agita el sentir general de la disciplina. Muchos biólogos evolutivos sostienen que los caracteres de selección sexual (aquellos que tienen una función relacionada con la atracción y consecución de parejas sexuales, como la cola de un pavo real, el contraste entre cintura y cadera en los humanos, el despliegue nupcial en las grullas o los pechos aparentes y no sujetos a estacionalidad en las mujeres) son caracteres que indican calidad genética, fertilidad o capacidad de supervivencia. Según esta perspectiva, la selección sexual es, digamos, una sucursal de la selección natural. Prum, sin embargo, defiende que la belleza existe y evoluciona simplemen-
te porque es agradable para el observador y porque existe sobre ella una preferencia completamente arbitraria y no basada en una utilidad indicadora de calidad genética o salud.

Esta hipótesis no es nueva, y de hecho Prum nos recuerda que fue el propio Darwin (no en On the origin of species, sino unos años después en The descent of man, and selection in relation to sex) quien originalmente concibió la evolución de la belleza de esta manera, como algo independiente de la selección natural. Prum argumenta que esta visión de la belleza ha sido olvidada en pro de una visión más utilitaria y adaptativa, y aporta en su libro toneladas de información y elementos nuevos, además de una gran dosis de convicción personal, en defensa de su hipótesis sobre el origen y evolución de la belleza.

El tema tratado resultará de interés para naturalistas, apasionados de las aves y el público general. Es también una lectura oportuna para entender los roles de género y las interacciones sexuales, incluido el comportamiento de machos y hembras con relación a la elección de pareja. Está claro que Prum sabe de lo que habla, tras varias décadas dedicándose al estudio de la selección sexual. El libro destila la pasión obsesiva del autor por el estudio de las aves, el cual le ha llevado en última instancia a pasar gran parte de su vida preguntándose sobre la razón de ser de la belleza. La prosa es cercana y asequible, y gran parte del libro se lee como las memorias de este naturalista y científico notable.

Prum emerge como un divulgador eficaz, y prueba de ello es que el libro ha recibido varios premios de gran importancia e incluso ha sido finalista del premio Pulitzer. La pasión del autor por la gran diversidad y el esplendor del comportamiento aviar puede resultar contagiosa, y en especial los amantes de las aves apreciarán la profusión de detalles en algunos pasajes. Sin embargo, otros lectores encontrarán arduos algunos capítulos en los que se abusa ligeramente de las descripciones conductuales de algunas de las especies que el autor ha usado como modelos de estudio. Lo anterior se ve compensado, no obstante, con la multitud de aspectos interesantes que el lector descubrirá acerca de las implicaciones del lema «la belleza que simplemente sucede» y el potencial de cambio que «el gusto por la belleza» trae consigo.

Es justamente en la discusión de estas implicaciones donde el libro destaca. La obra hace apuntes reveladores —a veces basados en hechos, a veces especulativos— sobre el conflicto sexual y sobre el poder y la importancia de la autonomía sexual femenina. Habla sobre la sexualidad humana, la evolución del orgasmo femenino, la agresividad masculina, la inteligencia social de los humanos, y de cómo la selección sexual estética a través de la elección de pareja por parte de las mujeres, y no la selección natural, ha podido ser en gran medida responsable de todos esos rasgos.

También habla de arte biótico, de feminismo y de la manera en que la elección de pareja y la autonomía sexual femeninas pueden explicar el cuidado paterno e incluso la homosexualidad. Habla del papel de la selección estética en la cultura y de cómo la cultura constituye un vehículo a través del cual se han producido carreras armamentísticas entre machos y hembras derivadas del conflicto sexual, donde a veces los sexos se han armado, atacado y resistido (pensemos, por ejemplo, en los cambios sociales en cuanto al uso de anticonceptivos, el aborto o los derechos de las mujeres).

Con sus provocadoras ideas acerca del funcionamiento de la selección estética en la evolución humana, el libro de Prum no dejará indiferente a nadie. En contra del enfoque de la psicología evolutiva tradicional, la cual entiende los rasgos atractivos como indicadores de calidad, la teoría estética de Prum sostiene que la sexualidad y la belleza humanas se han modelado gracias a la búsqueda de placer de las mujeres, y que por tanto ese placer y las preferencias estéticas son en sí mismas una piedra angular del cambio evolutivo.

Personalmente, considero que Prum a veces crea un hombre de paja al proponer que la biología evolutiva de nuestros días únicamente defiende la visión adaptativa de la belleza. Esto no es así desde que sabemos, desde hace ya algún tiempo, que el conflicto entre sexos es un fenómeno común en especies con reproducción sexual. En algunas ocasiones, el autor además se deja llevar demasiado lejos por su convicción personal de que su teoría estética explica casi todos los temas tratados en el libro. Sin embargo, después de todo, en lo relativo a muchas de las proposiciones más controvertidas, Prum no está falsando hipótesis, sino sugiriendo nuevas formas de ver la vida.

Hay trabajo de sobra para que otros intenten contrastar, siguiendo el método científico, las ideas propuestas. Más allá de si Prum está en lo cierto —y mi opinión es que una veces lo está y otras no—, el libro rezuma pasión e independencia de pensamiento y resulta altamente instructivo para entender el potencial absolutamente transformador de la belleza y de la selección basada en atributos estéticos. Y por ende, para comprendernos a nosotros mismos como animales sexuales que somos.

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