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La filosofía científica de Mario Bunge

El legado de un pensador brillante que destacó por la amplitud de su obra, su originalidad y su compromiso con la ciencia y el progreso de la humanidad.

© MARIO BUNGE

El pasado 24 de febrero falleció en Montreal el científico y filósofo argentino-canadiense Mario Bunge, a la edad de cien años. Conocí a Bunge durante el IV Congreso Internacional de Lógica y Filosofía de la Ciencia, celebrado en Bucarest el año 1971. Acababa de presentar mi tesis doctoral sobre la epistemología de Karl Popper y estaba familiarizado con el manual de filosofía de la ciencia (Scientific research) que Bunge había escrito unos años antes. En esa tesis criticaba el sesgo idealista que apreciaba en la filosofía de Popper. En Bucarest comprobé que el propio Bunge había realizado una crítica demoledora de la teoría popperiana, que también él tachaba de idealista. Desde entonces he admirado la filosofía materialista, racionalista y crítica de Bunge y he tenido la suerte de poder disfrutar de su generosa amistad.

¿Cómo sintetizar en un breve texto la amplitud, originalidad y valor intelectual de las aportaciones de Bunge a la filosofía de nuestro tiempo? Podemos intentarlo si centramos la atención en su proyecto de hacer una filosofía científica.

La expresión «filosofía científica» no es muy común en los ambientes académicos de nuestros días. Se supone que las ciencias son campos de conocimiento perfectamente definidos, bien establecidos e independientes, y que la filosofía es una disciplina humanística, que ha ido cediendo terreno ante el avance de la ciencia, y refugiándose en cuestiones relativas a la propia tradición académica en vez de ocuparse de problemas vivos, planteados por la ciencia y la tecnología actuales.

Se puede reconocer, desde luego, la existencia de una zona común en la que ambas disciplinas se mantienen en contacto, como ocurrió de hecho en torno a la corriente principal de filosofía de la ciencia que floreció en el siglo XX. Allí podemos situar a figuras señeras del pensamiento universal como Bertrand Russell y Karl Popper o el movimiento del positivismo lógico, que se inició en el Círculo de Viena y que, tras el impacto de la obra de Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas), dio paso al predominio de posiciones relativistas e irracionalistas en los años 70.

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