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El nexo entre la menopausia y el alzhéimer

Envejecer es el principal factor de riesgo de padecer la enfermedad. Todo indica que, por un estrecho margen, ser mujer es el segundo. ¿Por qué?

GALEN DARA

Así comienza la pérdida de memoria, según el testimonio de Sophie: un buen día te presentas en el despacho cuando a esa hora tenías un almuerzo de trabajo con un cliente. No recuerdas los nombres de los vecinos. Pronto te hallas en una habitación sin saber por qué has ido hasta allí. Sophie, seudónimo de esta abogada que ha pasado el umbral de los 50, viene sufriendo frecuentes sofocos y sudores nocturnos, ambos síntomas propios de la menopausia, pero los olvidos parecían ser harina de otro costal. ¿Qué le estaba ocurriendo a su cabeza?

Lisa Mosconi, directora de la Iniciativa por el Cerebro Femenino (Women’s Brain Initiative) y directora adjunta del Centro para la Prevención del Alzhéimer en la Facultad de Medicina Weill Cornell, en Nueva York, tal vez lo sepa. Ha analizado miles de imágenes obtenidas mediante tomografía de emisión de positrones en pacientes que están iniciando la menopausia y ha visto la variación del metabolismo cerebral con el paso del tiempo. «Antes de la menopausia, el cerebro quema energía a raudales», me explica mientras me enseña una imagen perteneciente al cerebro de una joven. Lucen multitud de manchas de colores vivos rojo y naranja, que representan un metabolismo acelerado de la glucosa, un indicador indirecto de la actividad neuronal. En la perimenopausia, que afecta a la mujer a mitad o a finales de los cuarenta, el metabolismo de la glucosa se ralentiza entre un 10 y 15 por ciento, o más, y aparecen cambios en las imágenes: los puntos rojos y naranjas ceden paso a una paleta en la que abundan los tonos amarillos y verdes, indicadores de una captación de glúcidos más reducida y un metabolismo más lento. Y con la última imagen me indica: «A continuación, en la posmenopausia, el metabolismo de la glucosa sigue ralentizándose hasta un 20 o 30 por ciento, a veces más». De forma clara, se observa un predominio de los verdes.

Los estrógenos son los principales reguladores del metabolismo en el cerebro joven femenino, en el que orquestan múltiples aspectos, desde el transporte y la absorción de la glucosa hasta su descomposición para obtener energía. Las imágenes
de Mosconi constituyen la colorida prueba de que el descenso de los niveles de estas hormonas en la menopausia, que suele comenzar entre los 45 y 55 años, deviene en una «crisis bioenergética para el cerebro», como la describe. En algún momento de ese período de transición de más de siete años, hasta el 60 por ciento de las mujeres sufre lo que se conoce como deterioro cognitivo de la menopausia: brotes de confusión, distracción y olvido. Son problemas de memoria normales. La creación de las sinapsis requiere energía, y como los niveles de estrógenos y el metabolismo de la glucosa disminuyen, también lo hace la formación de conexiones nuevas entre las neuronas.

Por suerte, la alteración es pasajera: las afectadas recuperan su agudeza intacta, pues el cerebro suple la carencia con otras fuentes de energía. En un estudio de 2009 se comprobó que las mujeres que acababan de superar la menopausia obtenían tan buenos resultados en las pruebas cognitivas como antes de iniciarla. Sin embargo, al cabo de unas décadas, a una quinta parte de ellas se les diagnosticará la enfermedad de Alzheimer. Mosconi y otros especialistas creen que para las más de 3,6millones de mujeres que solo en EE.UU. están afectadas por la enfermedad [en España, más de 580.000], la menopausia pudo ser un momento crítico para el deterioro cognitivo.

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