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Metal bactericida

Tratar el cobre con láser multiplica sus propiedades antimicrobianas.

Al tratar el cobre o el titanio con láser (parte derecha de los trozos) el agua se extiende mucho más sobre ellos. Eso facilita que el metal entre en contacto con cualquier microbio contenido en el líquido y lo elimine. [UNIVERSIDAD PURDUE/ERIN EASTERLING]

Las superficies de cobre destruyen los microbios que entran en contacto con ellas en cuestión de horas, y un estudio reciente muestra que irradiar este metal con láser hace que sea aún más mortífero.

Las bacterias «se están volviendo más agresivas y resistentes a los fármacos, y lo mismo ocurre con los virus», señala Rahim Rahimi, ingeniero de materiales de la Universidad Purdue y autor principal de un artículo sobre la nueva técnica, publicado en abril en Advanced Materials Interfaces. «Existe un gran interés por crear superficies que supriman estos patógenos nada más entrar en contacto con ellos», prosigue Rahimi, puesto que eso «impediría que se propagasen en el ambiente». Cabe aclarar que el nuevo trabajo se centró en las bacterias.

El cobre es un buen candidato para obtener tales superficies: el ser humano lleva aprovechando sus propiedades bactericidas desde hace al menos 8000 años. Así, algunas civilizaciones de la Edad de Bronce almacenaban el agua que bebían en recipientes de cobre para prevenir enfermedades, afirma Michael Schmidt, microbiólogo de la Universidad Médica de Carolina del Sur que no participó en la investigación. La capacidad de destruir gérmenes del cobre, explica Schmidt, proviene de su conductividad eléctrica. Cuando un microbio toca una superficie metálica, el material captura electrones de la membrana celular. Eso desencadena una reacción química que acaba abriendo los poros del organismo y lo destruye.

A fin de mejorar el proceso, el equipo de Rahimi irradió una muestra de cobre con luz láser durante unos milisegundos, lo cual creó nanoporos en el metal liso e incrementó su superficie. «Básicamente, han cogido una pradera y la han convertido en Manhattan», describe Schmidt. Las estructuras verticales generadas «aumentaron el área disponible para destruir microbios», añade. La superficie irregular también provocó que el cobre se adhiriese con más fuerza al agua y, por lo tanto, a cualquier bacteria contenida en ella.

Los investigadores pusieron a prueba este método depositando muestras de distintas bacterias (entre ellas, Escherichia coli y una cepa de Staphylococcus aureus resistente a antibióticos) sobre piezas de cobre, tanto lisas como tratadas con láser. En cuanto las células tocaron el metal con relieve, sus membranas empezaron a sufrir daños. La superficie irradiada eliminó las bacterias por completo, en algunos casos mucho más deprisa que el metal inalterado: mató algunos microbios al instante, y tardó entre 40 minutos y dos horas en acabar con una colonia entera, dependiendo de la especie y la concentración.

Rahimi sostiene que el tratamiento con láser también podría funcionar con otros metales como el titanio, muy usado en implantes quirúrgicos. Y señala que todos los metales poseen ciertas propiedades antimicrobianas, aunque el titanio, que presenta una baja conductividad eléctrica, tarda mucho más en destruir los gérmenes que los buenos conductores como el cobre. Aplicar la técnica del láser, concluye Rahimi, «podría potenciar la acción antimicrobiana del metal en cuestión».

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