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Reinterpretar un volcán

Una nueva concepción del descomunal macizo Tamu obliga a revisar nuestras ideas sobre la formación del fondo oceánico.

El macizo Tamu se oculta bajo 2000 metros de agua oceánica. Las bandas coloreadas representan las inusuales huellas magnéticas del volcán y revelan su proceso de formación. (La topografía vertical se ha exagerado 25 veces.) [CRAIG TAYLOR, MAPZILLA]

En síntesis

Nuevos datos magnéticos del fondo del océano Pacífico indican que el macizo Tamu, un descomunal volcán submarino, no surgió como pensaban los expertos.

En vez de hacer erupción como una montaña volcánica, el macizo Tamu se formó a partir de la lava que brotaba entre placas tectónicas divergentes.

El mismo proceso parece haberse dado en muchas otras mesetas oceánicas y constituye una nueva explicación para el origen de estas enormes estructuras.

Unas olas enormes y oscuras sacudían nuestro barco de investigación. El Falkor mide 83 metros de eslora y pesa más de 2000 toneladas, pero la tormenta procedente de Siberia que  cabábamos de evitar aún agitaba las aguas. Sentado en el laboratorio científico de la cubierta principal, procuraba que el café no se derramara sobre mi mapa del fondo oceánico.

Era mediados de octubre de 2015 y nos hallábamos en el noroeste del océano Pacífico, unos 1600 kilómetros al este de Japón. Yo examinaba por enésima vez el mapa, que mostraba unas bandas más o menos paralelas en el fondo marino alrededor del macizo Tamu, un enorme y antiguo volcán. Esas bandas reflejaban la magnetización (positiva o negativa) de distintas franjas del fondo oceánico, pero su distribución no encajaba con la dinámica eruptiva que yo había imaginado.

De repente, una ola golpeó el Falkor con estruendo, y en ese preciso instante me di cuenta de lo que había pasado por alto. Llevaba más de dos décadas estudiando ese volcán y había publicado los artículos que le daban nombre y explicaban su historia. Así que mi revelación solo fue en parte un momento «¡eureka!»: la otra parte fue un momento «¡ouch!» de Homer Simpson. Mis viejas ideas (y las del resto de expertos) sobre la formación del volcán estaban equivocadas.

El macizo Tamu es especial. Con unos 600 kilómetros de largo y 430 de ancho, ocupa una superficie similar a la de media península ibérica. Pese a ser casi plano, su volumen es más de 50 veces superior al del volcán Mauna Loa, en Hawái. Sus amplias laderas descienden desde el centro con una inclinación de aproximadamente un grado, en comparación con los cinco o diez grados habituales en otros volcanes submarinos. Para hacernos una idea, podemos pensar en un campo de fútbol cubierto con una lona gris tensa, que se apoya sobre un palo de tan solo 60 centímetros clavado en el centro del campo.

El volcán es la principal montaña de la meseta oceánica Shatsky (una de las más grandes del planeta) y su cima se encuentra a unos 1980 metros bajo la superficie del mar. La mayoría de mesetas oceánicas están hechas de basalto, lo que quiere decir que grandes volúmenes de magma ascendieron desde el manto terrestre y atravesaron la corteza hasta brotar en el fondo marino. Si bien la morfología del macizo Tamu parece responder a este proceso eruptivo, los datos que he recogido desde 2015 demuestran que allí ocurrió algo distinto.

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