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Mirar a los elefantes e ignorar los carteles

¿Qué papel ha desempeñado el público en la evolución de los zoológicos?

¿El inicio de una hermosa amistad? Un elefante indio y los visitantes del zoo de Viena. Postal de alrededor de 1900. [ARCHIVO DEL ZOO DE VIENA EN SCHÖNBRUNN]

«Prohibido dar de comer a los animales». Desde hace más de cien años, mensajes como este, en colores llamativos y signos de exclamación, intentan  regular la relación de los visitantes del zoo con los animales. El caso omiso que suele hacerse de tales advertencias nos enseña dos cosas importantes: que los visitantes buscan el contacto directo con los animales y que el zoo no ha conseguido educar del todo al público.

Los parques zoológicos modernos son un producto del siglo XIX. Las primeras instituciones con animales exóticos vivos exhibidos permanentemente en espacios abiertos al público se inauguraron en París (1793), Londres (1828), Dublín (1831), Ámsterdam (1838), Amberes (1843) y Berlín (1844). En Madrid, la antigua Casa de Fieras fue expuesta a partir de 1868 en el Parque del Buen Retiro. El zoo de Barcelona no se fundó hasta 1892 en el Parque de la Ciudadela.

La relación entre el zoo, sus animales y el público tiene, pues, una larga historia, y supone un reto mayúsculo para el historiador. Mientras que los parques zoológicos han generado numerosas fuentes, contamos con muy pocos testimonios de los visitantes, apenas una entrada en un diario o una carta. Reconstruir sus experiencias personales al admirar tigres, rinocerontes o tortugas gigantes parece casi imposible.

Un recurso es la mirada indirecta. ¿Cómo han imaginado al público los responsables del zoo? Las guías de los zoológicos y los artículos de prensa dibujan dos tipos de visitantes. El visitante ideal tiene un verdadero interés por los animales y acude al zoo para aprender sobre ellos, especialmente sobre la fauna exótica. Por supuesto, muestra el máximo respeto por los animales. Pero no es el más común. La pregunta de si el público aprende algo, suscita en un cuidador o en una directora de zoo una sonrisa un tanto amarga. Las fuentes siempre se lamentan de que los visitantes casi nunca leen los rótulos informativos sobre cada animal.

 

Moral y política del zoo

Esto nos lleva al segundo tipo de visitante, el real, el que solo quiere divertirse. Ignorando los carteles que lo prohíben, da de comer a los animales e incluso llega a torturarlos. Con motivo de la inauguración del zoo de Barcelona, el 24 de septiembre de 1892, los diarios dieron cuenta de visitantes maleducados que intentaban cubrir al animal estrella, el elefante Avi, no solo con panecillos sino también con cigarrillos encendidos y trozos de vidrio. Cuenta la leyenda que Avi se vengaba rociando con su trompa a los malhechores. Los mismos periódicos hablaban también del envenenamiento de flamencos y de un cisne blanco.

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