Escuchar colores, saborear formas

El análisis de personas con sinestesia, individuos cuyas percepciones sensoriales se mezclan entre sí, proporciona información muy valiosa para comprender la organización y las funciones del cerebro humano.

Cuando Matías Blázquez prepara hamburguesas con sus manos, experimenta un intenso sabor amargo. Esmerelda Juárez percibe su entorno de un color azulado si escucha un "do" al piano; el resto de las notas le evocan distintos colores. Las teclas de su piano están codificadas mediante colores para que, aprovechando su peculiar facultad, progrese en la ejecución de piezas musicales. Ante números impresos en negro, Colomán Arteche los ve de diferentes colores. Blázquez, Juárez y Arteche pertenecen al reducido grupo de personas que padecen sinestesia. Experimentan la vida cotidiana de forma extraordinaria y parecen habitar en un mundo misterioso, a medio camino entre la fantasía y la realidad. Para ellos los sentidos —tacto, gusto, oído, vista y olfato— no permanecen separados, sino mezclados.

La ciencia se acercó por vez primera a la sinestesia en 1880, año en que Francis Galton, primo de Charles Darwin, publicó un artículo sobre la misma en Nature. Pero quienes se siguieron ocupando del fenómeno, la minusvaloraban por considerarla una impostura o resultado del abuso de drogas (el LSD y la mescalina producen efectos similares); a lo sumo, se trataría de una rareza singular.

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