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1 de Noviembre de 2019
Física

A las puertas de la realidad

¿Puede la física acercarnos a una comprensión verdaderamente fundamental del mundo?

BROOK VANDEVELDER

En síntesis

La física parece centrarse en la determinación objetiva de los hechos. Sin embargo, esta ciencia tiene sus propios conflictos con la idea de verdad, tanto o más que cualquier otra disciplina.

La mecánica cuántica, por ejemplo, sostiene que las partículas carecen de una realidad bien definida: sus propiedades permanecen indeterminadas hasta el momento de la medición.

En tiempos recientes, varios investigadores se han interesado por la manera en que las incertidumbres en física podrían afectar a otra de las grandes preguntas: el funcionamiento la consciencia.

La física parece ser una de las pocas esferas de la vida donde la verdad es un concepto claro. Sus leyes (basadas en el rigor matemático y la comprobación experimental) describen una realidad sólida. Proporcionan respuestas en lugar de confusión. No hay una física válida para cada persona, sino una sola aplicable a todos y en cualquier lugar. Es cierto que a veces sus afirmaciones pueden parecer extrañas. Pero eso es una buena señal, ya que indica que no está determinada por ideas preconcebidas. En un mundo plagado de eternos debates circulares, la física aporta novedad y nos saca de nuestras rutinas intelectuales.

La física también cimienta una búsqueda más amplia de la verdad. Si seguimos la cadena de explicaciones que nos proporcionan las demás ciencias, antes o después acabaremos en la física. Su éxito y su papel de fundamentación de las otras ciencias dan base a una imagen naturalista, o más bien fisicalista, del mundo. En ella, todos los fenómenos tienen explicaciones físicas, y nociones como la de impulso vital o alma incorpórea carecen de lugar. Por supuesto, esta ciencia no nos dicta cómo gobernar nuestra vida o resolver dilemas morales, pero sí nos proporciona el marco en el que decidir dichas cuestiones.

Para la mayoría, la física se presenta como una actividad de búsqueda de la verdad en su forma más pura. Sin embargo, esta imagen no es compartida por los propios físicos, que en ocasiones parecen verse afectados por un síndrome de impostura colectiva. Aunque en general den por supuesto que la verdad está ahí fuera y que ellos son capaces de descubrirla —¿qué se supone que hacen, si no?—, no dejan de tener sus dudas. Estas afloran en discusiones informales, en congresos dedicados a discutir el panorama global de la disciplina, en sus renovados esfuerzos por solicitar la ayuda de filósofos o en libros y blogs dirigidos al gran público. Tales preocupaciones se hallan más presentes en la física fundamental, que, aunque no engloba a toda la física, sí desempeña un papel preponderante dentro de ella.

Muchos físicos se muestran inquietos porque el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) no parece encontrar indicios de nuevos fenómenos sobre los que construir el siguiente nivel de leyes de la naturaleza. Existe también preocupación por si las teorías unificadas, como la teoría de cuerdas, podrán comprobarse experimentalmente algún día. Algunos consideran que su disciplina sufre de una excesiva matematización, mientras que otros creen que la complejidad matemática es insuficiente. Y la verdad puede resultar esquiva incluso en el contexto de las teorías mejor establecidas: a pesar del excelente grado de verificación experimental de la mecánica cuántica, su interpretación sigue siendo inescrutable.

El científico de a pie se enfrenta a problemas más concretos: ¿está roto el cable?, ¿hay algún error en el programa?, ¿es esta medida un efecto estadístico? Pero tales preocupaciones mundanas pueden resultar extremadamente sutiles, y en ocasiones tampoco son ajenas a las grandes cuestiones de la física. Todo debe ser juzgado en un marco de conocimiento más amplio.

Algunos físicos interpretan estos problemas como una señal de que su disciplina ha perdido el norte y que sus colegas están demasiado cegados para percibirlo. Sin embargo, puede que una pista importante para entender la situación se encuentre en el elusivo carácter de la verdad. A diferencia de lo que ocurre en otros dominios de la vida, las dificultades que tienen los físicos con la verdad no se debe a que oculten nada, sino más bien a todo lo contrario: a ser totalmente honestos sobre nuestras limitaciones a la hora de encarar la realidad. La única manera de superar tales obstáculos es hacerles frente.

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