Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Noviembre de 2019
Psicología social

Identidad y populismo

La incertidumbre mundial amenaza nuestra identidad personal. Para sobrellevarlo la gente abraza el populismo.

WESLEY ALLSBROOK

En síntesis

Los cambios rápidos y abrumadores pueden amenazar nuestro sentimiento de identidad y autopercepción.

La incertidumbre personal incita a buscar una identificación más firme con el grupo y a elegir líderes que pueden fomentar el sesgo de confirmación y el populismo.

Ambos factores se ven propiciados y agudizados por la disponibilidad de información ilimitada y el acceso a grupos extremistas en Internet.

Las sociedades humanas viven un proceso de reorganización constante que causa profundas alteraciones en la vida social. La revolución industrial de finales del siglo XVIII y principios del XIX provocó la fragmentación de las comunidades debido a la movilidad laboral; la decadencia de los imperios a principios del siglo XX reconfiguró las naciones y las identidades nacionales; y la Gran Depresión en la década de 1930 devastó la seguridad económica y las perspectivas de futuro de la población. Pero quizás ahora estamos viviendo un momento de incertidumbre sin precedentes. Los inicios del siglo XXI se caracterizan por cambios rápidos y abrumadores: la globalización, la inmigración, la revolución tecnológica, el acceso ilimitado a la información, la volatilidad sociopolítica, la automatización del trabajo y el cambio climático.

Las personas necesitan abrigar un sólido sentimiento de identidad y de su lugar en el mundo, y para muchos el ritmo y la magnitud de estos cambios pueden resultar alienantes. Ello se debe a que la percepción de uno mismo es un principio organizador fundamental para nuestras propias impresiones, sentimientos, actitudes y comportamientos. Suele estar arraigada en las relaciones interpersonales cercanas (amigos, familia, compañeros) y en los distintos grupos sociales y categorías a los que pertenecemos y con los que nos identificamos (nacionalidad, religión, etnia, profesión). Nos permite predecir con cierta seguridad cómo nos van a ver y tratar los demás.

Supongamos que tuviéramos que gestionar las vicisitudes de la vida diaria y las relaciones con los demás pero con una sensación añadida de inseguridad permanente acerca de quiénes somos, cómo debemos comportarnos y cómo van a desarrollarse las interacciones sociales. Nos sentiremos desorientados, ansiosos, estresados, mentalmente agotados y faltos de voluntad y control. Esta incertidumbre personal puede, en verdad, experimentarse como un desafío estimulante si tenemos la sensación de poseer los recursos materiales, sociales y psicológicos para resolverlo. Sin embargo, si sentimos que carecemos de tales recursos, puede experimentarse como una dificultad altamente aversiva para nosotros y para nuestro lugar en el mundo.

En general, las personas se ven impelidas a mitigar su sensación de incertidumbre. Que se sientan cada vez más inseguras sobre quiénes son y cómo encajan en este entorno tan cambiante, puede ser —y, de hecho, ha resultado ser— un verdadero problema para la sociedad. La gente está reconociendo y apoyando a líderes autoritarios y abrazando ideologías y visiones del mundo que promueven y celebran el mito de un pasado glorioso. Temerosos de los que son diferentes a ellos, los individuos buscan homogeneidad y se dejan embriagar por la libertad de acceder tan solo a información que confirma quiénes son o quiénes les gustaría ser. Como resultado, aumenta el populismo en el mundo.

La búsqueda de la identidad social

Los grupos sociales constituyen una poderosa fuente de identidad. Pueden resultar muy eficaces para atenuar la incertidumbre personal; en particular si son distintivos y sus miembros comparten un sentimiento de interdependencia.

Los grupos desempeñan un papel fundamental a la hora de afianzar quienes somos, ya que corresponden a categorías sociales, y las investigaciones demuestran que la categorización social es omnipresente. Clasificamos a los demás como miembros de nuestro grupo o ajenos a él. Asignamos los atributos y la posición social del grupo a los demás, con lo que construimos un mundo subjetivo donde los grupos son internamente homogéneos y las diferencias entre ellos se exageran y polarizan de una manera etnocéntrica. Y como también nos clasificamos a nosotros mismos, internalizamos atributos compartidos que definen al grupo de pertenencia como parte de lo que somos. Para desarrollar la identidad social, psicológicamente nos rodeamos de quienes son como nosotros.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.