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1 de Marzo de 2014
Biología sintética

Crear vida de la nada

La visión modular de la biología sintética olvida que la vida es producto de la evolución.

© ISAK55/THINKSTOCK

En síntesis

La biología sintética ofrece la promesa de crear en el laboratorio una forma de vida diseñada a medida. Sin embargo, a veces se olvida que las estrategias empleadas logran imitar a los organismos vivos, pero no pueden copiarlos.

La explicación de ello se debe a que la vida, tal y como la conocemos hoy, es el producto de la evolución, la materialización de una posibilidad entre muchas otras en la que el azar ha desempeñado un papel importante.

Tener en cuenta este hecho sin duda hará avanzar el campo de la biología sintética. Tal vez se llegue entonces a crear una célula sintética con capacidad de reproducirse y de evolucionar.

El 11 de mayo de 1997, Gari Kaspárov apartó su silla de la mesa y se alejó del tablero de ajedrez. Después de tan solo diecinueve movimientos, concedió la partida a Deep Blue, un inmenso computador con procesadores en paralelo construido y programado por IBM. Era la primera vez que una máquina lograba vencer a un gran maestro del ajedrez.

Por todo el mundo, los titulares anunciaban la victoria de la máquina sobre el hombre. Algunos proclamaban que un computador había llegado a ser tan inteligente como un ser humano. Aunque el resultado fue, sin lugar a dudas, un hito en el desarrollo de los ordenadores y en el campo de la inteligencia artificial, a muchos comentaristas se les pasó por alto la conclusión quizá más importante de ese enfrentamiento. Es cierto que Deep Blue consiguió vencer a Kaspárov, pero haciendo únicamente lo que los computadores mejor saben hacer: manejar números. Algunos periodistas se referían, antropomórficamente, a la «estrategia» de Deep Blue, pero se trataba de una táctica falta de toda finura. La máquina analizaba de forma sistemática casi todas las jugadas posibles y sus consecuencias al cabo de varios movimientos. Después, respondía a Kaspárov en función de criterios predeterminados.

La demostración de fuerza bruta computacional de Deep Blue no tenía nada que ver con la forma en que Kaspárov —o incluso yo mismo, si fuese el caso— juega al ajedrez. Lejos de representar una derrota de la inteligencia humana, el resultado demostró que Kaspárov podía, gracias al entrenamiento y a la intuición, jugar una partida de ajedrez analizada con elegancia, mientras que un ordenador solo podría hacerlo de forma tosca y mecánica, mediante cálculos exhaustivos. La empresa IBM necesitó doce años de trabajo coordinado para construir una máquina con la potencia necesaria (aunque no la inteligencia) para vencer a Kaspárov. Incluso así, Kaspárov se mostró claramente inquieto por el resultado. No tenía por qué.

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