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1 de Enero de 2014
Energía

El lento ascenso de las renovables

No hay ninguna razón para esperar una transición rápida hacia un modelo energético basado en alternativas a los combustibles fósiles.

MARTIN SOEBY, GALLERY STOCK

En síntesis

Cada una de las grandes transiciones energéticas mundiales —de la madera al carbón y de este al petróleo— ha necesitado entre 50 y 60 años. Se prevé que la actual mudanza hacia el gas natural también se demore varios decenios.

Nada indica que la transición a las renovables vaya a ser más rápida. Las alternativas «antiguas», como la hidroeléctrica, ya no dan más de sí. Y la eólica, la solar o los biocombustibles apenas cubren un porcentaje ínfimo de la demanda.

Con todo, algunas políticas podrían facilitar el cambio. Entre ellas, no subvencionar técnicas cortoplacistas, asegurar que los precios reflejen los costes ambientales y sanitarios, y mejorar la eficiencia energética.

Las fuentes renovables de energía podrían conquistar el mundo en un solo asalto.

Así pensaba en 1976 Amory Lovins, conocido defensor de las energías alternativas. Para el año 2000, auguraba Lovins, el 33 por ciento de la energía de EE.UU. procedería de una multitud de pequeñas fuentes no perecederas y descentralizadas. Decenios más tarde, en julio de 2008, Al Gore proclamaba que refundar el suministro eléctrico de EE.UU. en diez años era «factible, asequible y transformativo». Poco después, Mark Jacobson y Mark Delucchi proponían desde estas páginas un plan para reconvertir el sistema energético mundial en solo dos décadas [véase «Energía sostenible: Objetivo 2030», por M. Jacobson y M. Delucchi; Investigación y Ciencia, enero de 2010].

Pero, entre 1990 y 2012, la fracción de la energía mundial obtenida a partir de combustibles fósiles apenas descendió del 88 al 87 por ciento. En 2011, las renovables contribuían con menos del 10 por ciento al abastecimiento de EE.UU., la mayoría mediante técnicas «viejas», como la hidroeléctrica o la quema de restos madereros. Tras más de 20 años de generosas subvenciones, las nuevas fuentes, como la eólica y la solar, y los biocombustibles modernos, como el etanol de maíz, solo cubren el 3,35 por ciento del suministro energético del país.

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