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1 de Marzo de 2014
Neurociencia

La brigada de reparación del cerebro

CORTESÍA DE NIH COMMON FUND

Un estilo de vida activo redunda en la salud del cerebro. Eso creen desde hace tiempo los científicos y así lo corroboran los estudios: el ejercicio físico y la actividad intelectual y social —o «enriquecimiento ambiental», como se diría en el lenguaje de la especialidad— potencian el aprendizaje y la memoria y protegen contra el envejecimiento y las neuropatías. Estudios recientes señalan uno de los efectos beneficiosos a escala celular: el enriquecimiento ambiental restaura la mielina del cerebro (el aislamiento protector que recubre los axones, o fibras nerviosas) que se pierde a causa de la edad, las lesiones o ciertas enfermedades, como la esclerosis múltiple. Pero ¿de qué modo propicia el ambiente la reparación de la mielina?

La respuesta radica, al parecer, en unos corpúsculos membranosos naturales llamados exosomas. Diversos tipos de células liberan en los líquidos corporales estas diminutas vesículas de proteínas y material genético. Cargadas con moléculas de señalización, se dispersan por el organismo «como si fueran mensajes dentro de una botella», explica R. Douglas Fields, neurobiólogo de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. A continuación, se dirigen a ciertas células y modifican su comportamiento. En estudios con animales se observó que los exosomas segregados por las células inmunitarias durante el enriquecimiento ambiental estimularon la reparación de la mielina por parte de las células del cerebro.

Los especialistas creen que hay posibilidades de convertirlos en biomarcadores para el diagnóstico de enfermedades o en vehículos para administrar fármacos contra el cáncer u otros compuestos terapéuticos.

Los exosomas producidos en el transcurso del enriquecimiento ambiental transportan microARN (pequeños fragmentos de material genético) que supuestamente ordenan a células inmaduras del cerebro que se transformen en oligodendrocitos, los responsables de la síntesis de mielina. Si se extraen exosomas de la sangre de ratas jóvenes y se inyectan a ratas más viejas se observa un incremento de hasta el 62 por ciento en los niveles de mielina, según describe un equipo de la Universidad de Chicago en el número de febrero de Glia.

Se ha descubierto también el modo de crear exosomas fuera del cuerpo y fabricarlos por encargo para posibles tratamientos. A través de la estimulación de células inmunitarias de la médula ósea fue posible imitar las condiciones del enriquecimiento ambiental en una placa de cultivo, asegura Richard Kraig, profesor de neurología en Chicago.

El equipo de Kraig estudia ahora cómo convertir los exosomas en un tratamiento contra la esclerosis múltiple. En un artículo publicado en Journal of Neuroimmunology han descrito que los creados en el laboratorio habían estimulado la producción de mielina en una muestra de tejido cerebral de ratas que simulaba las lesiones de la esclerosis múltiple, con un incremento de los niveles de mielina de hasta el 77 por ciento de los valores normales.

El siguiente paso consistirá en ver si los exosomas obtenidos de células inmunitarias son tan eficaces en animales afectados por la enfermedad, aclara Aya Pusic, miembro del equipo. Ella opina que, con algo de suerte, las pruebas en humanos podrán dar comienzo en cinco años.

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