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THOMAS FUCHS

Plutón fue durante décadas el verdadero peso pesado de los confines del sistema solar. Hoy, sin embargo, sabemos que ese querido mundo no es más que uno de los múltiples planetas enanos conocidos, la mayoría de los cuales orbitan más allá de Neptuno.

El cúmulo de descubrimientos que contribuyeron a que Plutón perdiese la categoría de planeta y se convirtiese en un planeta enano tuvo lugar hace ahora unos diez años. Entre 2002 y 2007, Mike Brown, astrónomo del Instituto de Tecnología de California, y su equipo descubrieron varios objetos de buen tamaño en los arrabales del sistema solar; entre ellos, los planetas enanos Eris, Makemake y Haumea (si bien otro grupo reclama para sí el hallazgo de Haumea). Pero, desde entonces, y a pesar de que el equipo de Brown dejó sin explorar vastas franjas de cielo, el descubrimiento de planetas enanos se ha estancado.

¿La razón? Según un estudio reciente, la mayoría de los objetos brillantes y voluminosos habrían sido localizados ya. Megan Schwamb, antigua estudiante de doctorado de Brown que ahora investiga en la Academia Sínica de Taiwán, llevó a cabo una exploración a gran escala del sistema solar exterior y extrapoló los resultados a fin de estimar el número total de astros de ese tipo. «Vendrían a ser unos doce», explica Schwamb. «Lo cual implica que el inventario de planetas enanos brillantes estaría casi completo.» Schwamb y sus colaboradores publicaron sus resultados el pasado mes de enero en The Astronomical Journal.

A pesar de que los astrónomos no han rastreado todo el cielo, sí parecen haber cubierto las zonas en las que tienden a acumularse los planetas enanos. Puede que alguno haya pasado inadvertido, apunta Darin Ragozzine, del Instituto de Tecnología de Florida. El estrellado disco de la Vía Láctea podría haber eclipsado un planeta enano, explica el investigador, pero parece improbable que sean muchos los que queden por descubrir.

«Hemos vivido una edad de oro en el hallazgo de planetas enanos, pero ya ha pasado», observa Schwamb. Con todo, aún podría haber objetos similares y más alejados, pero apenas visibles con los métodos de detección actuales. «Están ocultos en las sombras, a la espera de que alguien los encuentre», concluye la investigadora.

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