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1 de Marzo de 2014
Tecnología

Una red global de computación para el LHC

El descubrimiento del bosón de Higgs fue posible gracias a una innovadora infraestructura de computación distribuida. Su extensión a otras disciplinas promete revolucionar la manera de hacer ciencia.

ADAPTADO DE WLCG GOOGLE EARTH DASHBOARD; IMÁGENES Y DATOS: LANDSAT/SIO/NOAA/MARINA DE EE.UU./GEBCO/IBCAO

En síntesis

La cantidad de datos que generan las colisiones de protones del LHC asciende a varios petaoctetos al año, un volumen de información que ningún superordenador del mundo podía almacenar ni analizar cuando se diseñó el experimento.

Esa situación llevó a la creación de la WLCG, el mayor sistema de computación distribuida existente en la actualidad. Comprende más de 150 centros de cálculo y 225.000 procesadores en todo el mundo.

Dicha técnica computacional ya ha derivado en nuevas aplicaciones comerciales, como los servicios informáticos en la nube. En el futuro permitirá procesar petaoctetos de datos en otras disciplinas, como medicina y astronomía.

El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN es el instrumento científico más complejo jamás construido. Con él los físicos esperan profundizar en las leyes que rigen la naturaleza a escala microscópica, las partículas elementales y sus interacciones. Para estudiar los componentes más pequeños del universo ha sido necesario erigir un experimento descomunal: el LHC consta de un anillo subterráneo de casi treinta kilómetros de longitud en el que operan cuatro detectores de partículas, cada uno del tamaño de un edificio de varias plantas. La escala de energías que puede explorar el LHC no había sido alcanzada antes por ningún otro acelerador. Ello hizo posible que, en 2012, se descubriese la última pieza que faltaba para completar el modelo estándar de la física de partículas: el hoy mundialmente famoso bosón de Higgs.

Sin duda, esa recompensa nunca hubiera sido posible sin años de trabajo por parte de los físicos ni sin todos los avances técnicos logrados por los ingenieros. Pero el éxito del LHC se apoya en un tercer pilar que, si bien menos conocido, se ha demostrado tan esencial como los anteriores: su capacidad computacional para administrar y analizar una cantidad de datos sin precedentes en la historia de la ciencia.

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