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1 de Febrero de 2008
Física

Los muchos mundos de Hugh Everett

Cuando la teoría cuántica de los universos múltiples, hoy celebrada, sólo encontró el menosprecio, Hugh Everett abandonó el mundo de la física académica. Se dedicó a investigaciones militares secretas. La tragedia arruinó su vida privada.

ILUSTRACION DE SEAN McCABE; CORTESIA DE EUGENE SHIKHOVTSEV Y KENNETH W. FORD (fotografía de Everett);

En síntesis

Hace cincuenta años, Hugh Everett elaboró la interpretación de los muchos mundos de la mecánica cuántica, en la que los efectos cuánticos llenan innumerables ramas del universo con eventos diferentes en cada rama.

Por extraña que parezca la hipótesis, Everett se basó en las matemáticas fundamentales de la mecánica cuántica. Ello no impidió que la rechazaran la mayoría de los físicos de la época. Hubo de abreviar su tesis doctoral para limar discrepancias.

Desalentado, Everett abandonó la física y trabajó en matemáticas y computación aplicadas al sector militar e industrial. Era un consumado bebedor, frío y distante en lo emotivo.

Murió cuando tenía apenas 51 años. No vivió para ver el reciente respeto que los físicos conceden a sus ideas.

Hugh Everett III fue un brillante matemático, un iconoclasta de la mecánica cuántica y, más tarde, un afortunado contratista del ejército, con acceso a los secretos militares más reservados de Estados Unidos. Introdujo en la física un nuevo concepto de realidad y puede que tuviera alguna influencia en el curso de la historia del mundo por los días en que un apocalipsis nuclear no parecía improbable. Para los aficionados a la ciencia ficción, hablamos del legendario creador de la idea de los múltiples universos cuánticos. Pero sus hijos conocieron a un ser muy distinto: un padre frío y distante, "un mueble arrimado a la mesa del comedor", siempre cigarrillo en mano. Alcohólico y fumador compulsivo, murió prematuramente.

O al menos así ocurrió en nuestra bifurcación del universo. Si la teoría de los muchos mundos que Everett concibió mientras estudiaba en la Universidad de Princeton, a mediados de los años cincuenta, es cierta, su vida debió de tomar otros muchos caminos en un insondable número de ramificaciones del universo.

 

El revolucionario análisis de Everett despejó un atolladero teórico en la interpretación del cómo de la mecánica cuántica. Aunque la idea de los muchos mundos no esté todavía admitida por todos, los métodos con que la elaboró fueron un presagio del concepto de decoherencia cuántica, una explicación moderna del modo en que las rarezas probabilísticas de la mecánica cuántica engendran el mundo concreto de nuestra experiencia.

El trabajo de Everett es bien conocido en los círculos de la física y de la filosofía, pero no son tantos quienes saben algo de la gestación de la idea y de la vida posterior de su creador. Las investigaciones archivísticas del historiador ruso Eugene Shikhovtsev, de mí mismo y de otros, más las entrevistas que he realizado con colegas y amigos de Everett, así como con su hijo, músico de rock, revelan el derrotero de una inteligencia brillante que los demonios personales extinguieron muy pronto.

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