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El color azul del mar

Dorotea Barnés y la introducción de la espectroscopía Raman en España.

Espectrógrafo de cuarzo conservado en el Instituto de Química Física Rocasolano del CSIC. [CORTESÍA DE ESTEBAN MORENO GÓMEZ]

Uno de los privilegios de conservar y estudiar el abundante patrimonio instrumental del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es que nos permite indagar en la historia de nuestra ciencia desde la óptica de los referentes materiales que constituyen los antiguos aparatos científicos. A modo de ejemplo, quisiera hablarles de un espectrógrafo, protagonista mudo de innumerables experimentos, con el que podremos conocer un apasionante descubrimiento de la ciencia, la dispersión Raman; la técnica a la que dio lugar, la espectroscopía Raman y a Dorotea Barnés, la investigadora que la introdujo en nuestro país.

Conservado en el despacho de dirección del Instituto de Química Física Rocasolano (IQFR) del CSIC, se encuentra un sencillo y preciso instrumento que fue empleado por dos grandes de la ciencia española: Miguel Antonio Catalán Sañudo y Dorotea Barnés González. Se trata de un espectrógrafo de cuarzo, de pequeñas dimensiones, utilizado para analizar la luz que emite o absorbe la sustancia que se quiere estudiar. Este aparato, que tiene un siglo de antigüedad, procede del Laboratorio de Investigaciones Físicas (LIF), que, fundado en 1910, fue el principal centro español de investigación en física y química a principios del siglo XX. El LIF, dirigido por Blas Cabrera, fue uno de los primeros laboratorios adscritos a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) y la cuna experimental de los principales investigadores protagonistas de la denominada «Edad de Plata» de la ciencia española.

El espectrógrafo, construido por la firma inglesa Adam Hilger, se encontraba entre los instrumentos más apreciados de la época debido a la calidad óptica de sus lentes y del prisma doble que poseía. Su funcionamiento es sencillo: la luz que emite, o atraviesa, la muestra es dirigida al interior del espectrógrafo, donde un prisma la dispersa, separándola en sus distintas frecuencias; se genera así un espectro (formado por líneas o bandas de distinto color e intensidad) que puede ser registrado en placas fotográficas. Desde el siglo XIX, multitud de sustancias, así como la luz de numerosas estrellas, se venían estudiando con este tipo de instrumentos.

En el primer tercio del siglo XX, el científico español más destacado en el campo de la espectroscopía fue, sin duda, Miguel Antonio Catalán (1894-1957). Sus estudios sobre los complejos espectros que se obtenían al excitar electrónicamente distintos metales de transición (magnesio, molibdeno, plata, etcétera) le llevaron a descubrir una serie de líneas espectrales, los multipletes, que fueron determinantes para apuntalar experimentalmente el modelo atómico propuesto por el físico alemán Arnold Sommerfeld. A la relevancia científica de Catalán se suma su papel como creador de una escuela de espectroscopistas que tuvo como sede el entonces recién creado Instituto Nacional de Física y Química (INFQ), sucesor del LIF y actual IQFR. El cincuenta por ciento del personal investigador de la sección de espectroscopía eran mujeres. Y entre ellas se encontraba Barnés.

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