Rivalidad entre aves rapaces

En Andalucía, el águila real se está imponiendo sobre la perdicera como consecuencia, paradójicamente, de las medidas de protección.

Águila real (Aquila chrysaetos). [MANUEL OTERO PÉREZ]

Los programas de conservación de especies amenazadas suelen estar diseñados para resolver los problemas que las afectan, la mayoría de las veces derivados de las actividades humanas. Pero a menudo la funcionalidad de dichas especies en los ecosistemas no se conoce tan bien como los problemas que se pretenden corregir. Como consecuencia, las intervenciones destinadas a recuperarlas y protegerlas pueden acarrear efectos imprevistos en otros taxones.

Un ejemplo ilustrativo de este fenómeno lo ofrecen los programas de conservación en Andalucía del águila imperial ibérica (Aquila adalberti) y el águila-azor perdicera (Aquila fasciata), las dos clasificadas como especies vulnerables a la extinción. Dichos programas, dirigidos por la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía, están destinados a mejorar la supervivencia de estas aves principalmente mediante el control del uso ilegal de cebos envenenados (búsqueda y retirada del cebo con la ayuda de equipos caninos; programas de concienciación del colectivo cinegético, etcétera) y la corrección de tendidos eléctricos (protección con material aislante de los postes y de los cables para evitar la electrocución de las aves).

Las cordilleras béticas andaluzas son el escenario de la competencia entre el águila real y el águila-azor perdicera (<em>abajo</em>). Los programas de conservación llevados a cabo entre 1998 y 2020 están permitiendo la expansión del águila real desde sus refugios de montaña hacia zonas rurales, previamente ocupadas por la perdicera. [JESÚS BAUTISTA]

Águila-azor perdicera (<em>Aquila fasciata</em>). [MANUEL OTERO PÉREZ]

Estas actuaciones, que se iniciaron en 2002, han dado sus frutos, pero también han beneficiado a otras especies menos amenazadas, entre ellas el águila real (Aquila chrysaetos). Paradójicamente, su mayor supervivencia ha perjudicado al águila-azor perdicera. Durante un período de estudio de 26 años (1994-2020), la Asociación Wilder South, encargada de gran parte del seguimiento de las poblaciones de águila real y águila-azor perdicera en las Cordilleras Béticas, ha observado que han desaparecido o han sido desplazadas más del 10 por ciento de las parejas reproductoras de perdicera de la población bética andaluza, mientras que las de águila real han aumentado más del 60 por ciento, con 86 nuevas parejas.

Las dos rapaces constituyen un buen ejemplo de especies potencialmente competidoras. En la región mediterránea, los requerimientos ecológicos de ambas pueden solaparse en gran medida, sobre todo el hábitat de nidificación (básicamente, los cortados rocosos) y, en parte, la alimentación. Si estos recursos escasean, se produce una competencia entre las dos especies, en la que el  águila real, de mayor tamaño, tiene una posición ventajosa. Hemos observado agresiones y depredación de esta sobre la perdicera, así como la usurpación de sus nidos para criar. Otro factor que favorece la instalación de nuevas parejas de águila real es el abandono humano de las zonas rurales. La beneficia especialmente a ella porque la perdicera, mucho más tolerante a la presencia humana, ya ocupaba esas zonas.

Nuestras observaciones alientan a seguir estudiando la aparición de competencia derivada de la conservación, muy pocas veces documentada en este ámbito. Es imprescindible seguir de cerca la relación entre las dos águilas para poder adaptar las futuras actuaciones.

 

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