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La química y sus (r)evoluciones

Historia y memoria de una ciencia mixta.

cortesía de © Edgar Fahs Smith Memorial Collection, biblioteca de libros raros y manuscritos, bibliotecas de la universidad de Pennsylvania

No hay revolución en la ciencia que haya sobrevivido a la investigación histórica. Tras décadas de estudios dedicados a la revolución científica de los siglos XVI y XVII, uno de sus principales especialistas, Steven Shapin, comenzaba su popular obra de síntesis sobre este período afirmando que «la revolución científica nunca existió; y este libro trata sobre ella». A una conclusión similar podría llegarse a la vista de los cientos de trabajos que en el último lustro han explorado, matizado y difuminado los trazos gruesos con los que se ha dibujado la historia revolucionaria y heroica del nacimiento de la química moderna, a finales del siglo XVIII.

Memorias de una revolución
Como si de la narración de los orígenes de una nación se tratara, el mito fundacional de la química se ha construido a partir de un héroe, de acontecimientos cruciales, de objetos de culto y hasta de episodios trágicos. Según esta narración de los hechos, no sería hasta finales del siglo XVIII cuando la química habría logrado desprenderse de los restos de su oscuro pasado alquímico, sus teorías especulativas y sus prácticas al servicio de las artes aplicadas para emerger como una ciencia moderna e independiente. Y lo habría hecho de la mano de un genio revolucionario, Antoine Lavoisier, que sacrificó todo en esta empresa, hasta su vida.

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