Las aguas artesianas de Dilmún

En la isla de Bahréin brotaba hasta hace poco el agua de unos manantiales que cuatro milenios atrás permitieron el florecimiento de una cultura muy avanzada. Estudios hidrogeológicos descubren los orígenes de esos acuíferos.
museo nacional de bahréin
Un calor sofocante asfixia la isla de Bahréin. Con sus 50 kilómetros de largo y 20 de ancho, es una de las seis islas de mayor tamaño del golfo pérsico. Mientras toma una taza de té, Said contempla su pequeño terreno, donde se alzan dos palmeras datileras secas. Recuerda la época de su infancia, cuando su familia poseía toda una plantación. Por la zona discurrían las aguas procedentes de un manantial cercano del que hoy, sin embargo, el agua ya no brota. La gente achaca la culpa al petróleo. A Said, por su parte, no parece importarle demasiado. Se alegra de no tener que trabajar más en la plantación. Sus hijos disfrutan de un trabajo bien remunerado en Manama, la capital de la isla, y le facilitan todo lo necesario.
Aunque hoy secos, esos manantiales han supuesto siempre un bien de gran valor para los isleños. Y no solo cuando Said era niño: hace más de 4000 años, ayudaron a sentar las bases de una civilización muy avanzada. Su nombre coincide con el del lugar mitológico de Dilmún, mencionado en los textos cuneiformes sumerios. Aunque a día de hoy aún persisten numerosas incógnitas sobre dicha cultura, los arequólogos la tienen por una de las mayores civilizaciones de navegantes del mundo antiguo.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.