Moradas en los árboles

Los nidos ofrecen información sobre la historia natural, el cambio climático y los hábitos de sus ocupantes.

Sharon Beals

A base de ramitas y hierbas, lana de oveja y pelos de caballo, las aves tejen su mundo para formar nidos. Así, los hogares que después abandonan ofrecen pistas acerca de su vida y su entorno, de modo parecido a como los yacimientos arqueológicos nos aportan información sobre la historia humana.

Se ha utilizado la diversidad arquitectónica de los nidos para desentrañar la compleja genealogía de los pájaros cantores de Sudamérica; los restos de las presas hallados en los nidos de águilas calvas han revelado los hábitos alimentarios de estas aves; y la datación mediante carbono de las plumas y las heces en nidos antiguos de halcones ha proporcionado datos sobre la época en que se retiraron los escudos de hielo de Groenlandia. Las investigaciones actuales, entre las que se cuenta un artículo publicado a principios de año en la revista Science, demuestran que las aves utilizan la decoración de los nidos para competir por la pareja y comunicarse entre sí con más frecuencia de lo que se pensaba.

La recolección de nidos era una distracción popular entre los adolescentes del siglo XIX. En la actualidad, está prohibida en gran parte del planeta. Las imágenes que se acompañan proceden de Nests: Fifty nests and the birds that built them («Cincuenta nidos y las aves que los construyeron») (Chronicle Books, 2011), libro en el que la fotógrafa Sharon Beals presenta varios nidos exhibidos en museos. Lloyd Kiff, antiguo director de la Fundación occidental de Zoología de Vertebrados, en Los Ángeles (que posee la mayor colección del mundo, con 18.000 ejemplares), opina que los nidos siguen siendo un recurso científico apenas explotado.

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