Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Agosto de 2011
Fisica

Vivir en un mundo cuántico

La mecánica cuántica no solo describe el comportamiento del mundo microscópico. Su influencia llega a todas las escalas: pájaros, plantas y, quizás, el ser humano.

GEORGE RETSECK

En síntesis

La mecánica cuántica ha sido considerada tradicionalmente la teoría del mundo microscópico: la física de las moléculas, los átomos y las partículas subatómicas.

No obstante, se cree que su aplicabilidad es universal. La razón por la que sus extrañas propiedades se desvanecen en sistemas de gran tamaño no obedecería a una simple cuestión de escala.

Durante los últimos años, los experimentos han demostrado la aparición de efectos cuánticos en un número cada vez mayor de sistemas macroscópicos.

El efecto cuántico por antonomasia, el entrelazamiento, puede tener lugar tanto a temperaturas elevadas como en sistemas de gran tamaño, incluidos los seres vivos.

Los libros de texto suelen presentar la mecánica cuántica como la teoría del mundo microscópico. Esta explica el comportamiento de las partículas, los átomos y las moléculas, pero deja paso a la física clásica cuando llegamos a la escala de las frutas, las personas o los planetas. En algún punto entre las moléculas y la fruta se hallaría la frontera donde cesa el comportamiento cuántico y comienza la familiaridad de lo clásico. La impresión de que la mecánica cuántica se limita al mundo microscópico se extiende incluso al ámbito científico. Brian Greene, de la Universidad de Columbia, escribe en la primera página de su renombrado —y, por lo demás, excelente— libro El universo elegante que la mecánica cuántica «proporciona una herramienta teórica para entender el universo a las escalas más diminutas». La física clásica, que comprende cualquier teoría que no sea cuántica, incluida la relatividad de Einstein, se ocupa de las escalas mayores.

Pero esa división es un mito. A día de hoy, muy pocos otorgan a la física clásica un rango equiparable al de la mecánica cuántica; en realidad, aquella no representa más que una aproximación útil a un mundo que se rige por leyes cuánticas a todas las escalas. Puede que los efectos cuánticos resulten difíciles de observar en el mundo macroscópico, pero la razón no tiene que ver con el tamaño en sí, sino con la manera en que los sistemas cuánticos interaccionan unos con otros. Hasta el pasado decenio no se había confirmado de manera experimental la persistencia del comportamiento cuántico a escalas macroscópicas, pero hoy se hace de manera rutinaria. Tales efectos son mucho más penetrantes de lo que nunca nadie antes había sospechado. Podrían afectar incluso a las células de nuestro cuerpo.

Incluso a quienes nos dedicamos a estudiar tales fenómenos nos cuesta asimilar lo que estos nos enseñan sobre la naturaleza. El comportamiento cuántico elude la visualización y el sentido común; nos fuerza a reconsiderar nuestra concepción del universo y a aceptar una imagen insólita de nuestro mundo.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.