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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 1987Nº 124

Evolución

Peces antárticos

La mayoría de las especies de peces murieron al enfriarse o congelarse el océano Antártico, pero las de un suborden, Notothenioidei, encararon el reto. Sobreviven fabricando anticongelantes biológicos y ahorrando energía.

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En febrero de 1899, el buque británico Southern Cross desembarcaba diez hombres en el cabo de Adare, en la Antártida, dando así comienzo la primera expedición, de un año entero, por el continente más austral del mundo. Muchos zoólogos atribuyen a la expedición, que marcó el inicio de la era «heroica» de la exploración antártica, un descubrimiento que les ha intrigado durante más de un siglo: el hábitat marino más frío del planeta está lleno de peces. El zoólogo de la expedición, Nicholai Hanson, que no sobrevivió en aquella gélida tierra, recogió muestras de especies piscícolas desconocidas hasta entonces.

Casi un siglo más tarde, seguimos en el empeño de comprender las adaptaciones que permiten a esos peces sobrevivir en una región otrora tenida por prácticamente inhabitable. Son de especial interés las adaptaciones evolutivas del suborden Notothenioidei, un grupo de teleósteos, peces óseos evolucionados, emparentado con los perciformes, comunes en casi todos los hábitats marinos. Este suborden, formado por 90 o 100 especies, está confinado esencialmente a la región antártica; allí señorea, dando cuenta de unos dos tercios de las especies piscícolas y del 90 por ciento de los peces de la zona.

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