Así es el telescopio espacial James Webb

Tras largos retrasos, el sucesor del Hubble está por fin listo para partir al espacio.

MONTADO Y LISTO. El telescopio espacial James Webb ya está totalmente construido y su lanzamiento está previsto para este mes de diciembre. Hasta entonces, aguarda en unas instalaciones que su contratista principal, Northrop Grumman, posee en Redondo Beach, California. [CHRIS GUNN]

Como fotógrafo de la NASA, Chris Gunn ha documentado la construcción del telescopio espacial James Webb desde los primeros días del instrumento. Desde 2009, ha captado todos los hitos y ha presenciado cómo se ensamblaban y ponían a prueba casi todas sus piezas. Está previsto que el telescopio llegue al espacio en diciembre, y que en los meses siguientes despliegue el espejo de 6,5 metros de diámetro con el que escudriñará el firmamento. En ese momento, el objeto de las instantáneas de Gunn se convertirá a su vez en fotógrafo. «Lo más importante para mí es ver esas imágenes iniciales, la primera luz», afirma Gunn.

El James Webb, un proyecto conjunto de la NASA, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense, observará algunas de las galaxias más antiguas del universo, obtendrá imágenes de nuevos planetas e incipientes sistemas solares en torno a otras estrellas e incluso explorará con más detalle los mundos de nuestro propio Sol. Con un coste de 10.000 millones de dólares, será el telescopio más caro y ambicioso jamás construido. Está optimizado para detectar la luz infrarroja, la más adecuada para estudiar los objetos del universo temprano y remoto. «Hace tiempo que esperamos un observatorio así», señala Knicole Colón, subdirectora científica del proyecto de exoplanetas del telescopio. «La mirada del James Webb se extenderá hasta las primeras galaxias, tan atrás en el tiempo como es posible, y su sensibilidad nos permitirá otear las atmósferas de los exoplanetas a profundidades que nunca hemos contemplado.»

Para evitar la contaminación térmica procedente del Sol y la Tierra, el James Webb volará hasta un punto de observación situado a 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta, donde desplegará un escudo solar del tamaño de una pista de tenis para obtener protección adicional. Esta delicada maniobra, así como la apertura de los espejos primario y secundario, deberá transcurrir sin incidentes, ya que enviar astronautas para reparar el telescopio —como en su día ocurrió con el Hubble— no es una opción. «Tengo plena confianza en que nuestros ingenieros han hecho un gran trabajo y han puesto a prueba todo lo que se podía probar», asegura Heidi Hammel, científica interdisciplinaria del James Webb. «En algún momento hay que dar el paso. Estamos preparados.»

El camino del observatorio hasta su lanzamiento ha sido accidentado. En principio, estaba previsto que costara como mucho 1000 millones de dólares y despegara en torno a 2007. Sin embargo, por el camino se produjeron multitud de problemas de gestión, retos técnicos, sobrecostes y retrasos. Cuando el instrumento por fin se eleve a lomos de un cohete Ariane 5 desde la Guayana Francesa, los miles de científicos, ingenieros y demás personas que han trabajado en él esperarán un viaje tranquilo. «Esto representa una parte realmente enorme de mi vida», valora Gunn. «Es casi como criar a un hijo, aunque obviamente es un poco distinto, al haber tantos otros padres.»

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