Patrullar la selva con móvil

La vigilancia comunitaria reduciría la desforestación de la Amazonia.

Selva tropical amazónica en Brasil. [GETTY IMAGES/DDURRICH/ISTOCK]

Las iniciativas encaminadas a conservar la selva del Amazonas, hogar de incontables formas de vida y almacén de alrededor de 123.000 millones de toneladas de ese carbono que amenaza con alterar drásticamente el clima, están adquiriendo mayor urgencia si cabe a medida que se acelera la destrucción ambiental. Los pueblos indígenas están intentando proteger la región mediante patrullas que recorren sus límites territoriales para buscar y detener las actividades ilegales, como la construcción de represas, entre otras. Aun así, la desforestación no cesa.

Un nuevo estudio indica que la combinación de la vigilancia sobre el terreno con los datos satelitales y la ayuda de la telefonía móvil podría frenar la desforestación de la cuenca amazónica y posiblemente la de los bosques y selvas en otros lugares. Los resultados se detallan en Proceedings of the National Academy of Sciences USA.

La tala furtiva, la agricultura y el cultivo de la coca suponen una amenaza para la selva amazónica en las comunidades indígenas peruanas que han sido objeto de estudio, una amenaza de la que suelen ser culpables los forasteros. Los investigadores se preguntaron si sería útil enseñar a los lugareños el uso de las «alertas de desforestación incipiente» enviadas por los satélites.

El equipo científico colaboró con 76 comunidades indígenas, de las que 36 participaron en el uso de esas alertas como medida de vigilancia. A tres personas de cada una de estas últimas comunidades se las instruyó en el uso de un sistema de alerta temprana basado en una aplicación de móvil y a patrullar por los bosques para dejar constancia de los daños.

Durante los dos años siguientes, a los participantes se les retribuyó por su trabajo como supervisores forestales y recibieron alertas mensuales a través de la aplicación cuando los datos satelitales indicaban desmontes en su zona. Investigaron y comunicaron las pérdidas confirmadas a sus comunidades, que decidieron si actuaban ellas mismas para resolver el problema o informaban a las autoridades estatales.

Los investigadores analizaron los mismos datos satelitales de desmonte del período en concreto en las 76 comunidades y hallaron que el programa de alerta reducía la superficie perdida en 8,4 hectáreas durante el primer año, lo que supone una disminución del 52 por ciento con respecto a la pérdida promedio en las comunidades de referencia en que no se aplicó el programa, afirma la coautora del estudio Tara Slough, economista política de la Universidad de Nueva York. «Esa reducción de la desforestación se concentró en las comunidades que sufrían la mayor amenaza» de destrucción de la selva, añade. «De continuar el programa, debería ir dirigido este tipo de comunidades; se evitarán así grandes pérdidas de la cobertura arbórea.»

Los resultados del programa de vigilancia no fueron tan sobresalientes durante el segundo año, cuando la superficie perdida solo se redujo en 3,3 hectáreas con respecto a las comunidades de referencia. Se ha argumentado que una campaña contra el cultivo de la coca impulsada por el Gobierno peruano ese año pudo tener efectos disuasorios tanto en los territorios de las comunidades donde se desarrolla la prueba como en las de referencia, lo que habría acortado las diferencias entre los dos grupos comparados en el programa piloto.

Los expertos opinan que esa estrategia para atajar la desforestación de la Amazonia basada en la supervisión comunitaria combinada con las alertas a través del teléfono móvil parece alentadora. «¿Funcionará en todas las comunidades con alto riesgo de desforestación? A la vista de los resultados, vale la pena probarlo», asegura Catherine Tucker, investigadora de la gestión forestal en la Universidad de Florida, que no ha intervenido en el estudio. Con todo, algunas comunidades tal vez no dispongan de los recursos necesarios para un programa de ese tipo, o sus territorios pueden albergar codiciados yacimientos minerales o petrolíferos que agravarían el riesgo de desforestación por personas venidas de fuera, pese a las campañas de vigilancia, subraya Tucker.

Los grupos indígenas podrían seguir con la labor que han emprendido en el programa piloto. «Queremos repetir la experiencia en otras comunidades. Esa será nuestra contribución al planeta», escribe Francisco Hernández Cayetano, miembro de una comunidad participante en la investigación y presidente de la Federación de las comunidades ticuna y yaguas del Bajo Amazonas (Fecotyba). «Como pueblos indígenas, pedimos ayuda al mundo.»

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