Cuanto más difícil, más se recupera

Las personas con problemas en el lenguaje se recuperan antes si se centran en palabras más difíciles.
JUPITERIMAGES
Cuando aprendemos algo, solemos empezar con lo más básico para ir aumentando progresivamente la dificultad, como comenzar con el «do-re-mi» antes de lanzarnos a cantar ópera. Sin embargo, cuando las personas encuentran dificultad en hablar y entender un idioma después de un ictus (trastorno denominado afasia) parecen mejorar con mayor rapidez si empiezan a un nivel alto de dificultad.
Swathi Kiran, investigadora de temas relacionados con el habla de la Universidad de Boston, trabaja con pacientes bilingües con afasia para ayudarles a aprender de nuevo palabras. A través de su trabajo ha descubierto que cuando los pacientes practican el idioma que hablan con menor fluidez, su vocabulario aumenta en ambas lenguas. En cambio, cuando estudian palabras en el idioma con el que se encuentran más cómodos, solo mejora este último.
Si bien Kiran no ha publicado aún un estudio sobre sus pacientes bilingües, sus observaciones se hallan en la misma línea que otros estudios publicados antes por ella y por otros investigadores. Tales estudios muestran que los pacientes con afasia que solo hablan un idioma también se benefician de ejercicios más difíciles. Así, cuando los afectados de afasia estudian palabras poco usuales de una misma categoría, por ejemplo «nabo» y «colinabo» en el caso de nombres de vegetales, también mejoran su fluidez con palabras más comunes de la misma categoría («guisante» y «zanahoria»). Del mismo modo, la práctica con frases complejas ayuda a los afásicos a utilizar otras más sencillas.
Esta técnica funciona debido a la forma en la que un cerebro saludable almacena el lenguaje, afirma Kiran. A medida que aprendemos nueva información, el cerebro almacena las palabras, lenguajes y estructuras gramaticales que utilizamos más a menudo de forma que resulte más fácil acceder a ellos. Las palabras más complicadas se parecen a los objetos en el fondo de una caja, de manera que tenemos que buscar entre las cosas que utilizamos más a menudo para alcanzar las menos frecuentes y recónditas. Así, para recuperar una palabra poco usual, como «colinabo», activamos las partes fácilmente accesibles de nuestra red de nombres de vegetales, de camino hasta llegar a la palabra adecuada, lo cual refuerza también nuestras conexiones con vocablos más comunes como «zanahoria».

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