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1 de Enero de 2011
Testimonio

Mi vida con el cáncer

Hace más de seis años que Petra Bugar supo de su enfermedad tumoral. "A pesar de que soy una enferma incurable, tengo muchas ganas de vivir", afirma. Sin embargo, en ocasiones también pensó en darse por vencida.
MANFRED ZENTSCH
La tasa de supervivencia de los enfermos con cáncer se ha duplicado en las últimas cuatro décadas gracias a los avances en el diagnóstico y a las nuevas posibilidades terapéuticas. En la década de los setenta del pasado siglo, fallecían tres cuartas partes de los pacientes al cabo de cinco años; hoy, solo la mitad, un gran éxito desde el punto de vista estadístico. Sin embargo, estas cifras no eliminan el pánico que suscita el diagnóstico de cáncer. Cuando en 2004 Petra Bugar supo por un oncólogo que en su intestino se había desarrollado un carcinoma de recto, tuvo la sensación de que le habían comunicado su sentencia de muerte. Más de seis años después, con 54años de edad, ha sido ingresada tantas veces en el hospital que ha perdido la cuenta. Pronto tendrá la próxima sesión de quimioterapia en un hospital privado de Freiburg de Brisgovia. Ya ha perdido el miedo.
«Mi vida con el cáncer --como señala ella-- empezó hace más de cinco años.» La funcionaria y política local de Magdeburg, como cada invierno, se fue a esquiar unos días con su esposo y sus dos hijos. Después de pasar todo el día en las pistas, descubrió por la noche que había sangre en sus heces. Al lunes siguiente acudió a su médico de cabecera, quien la envió directamente a un especialista, quien a su vez practicó una detenida exploración a la mujer de por entonces 48 años. Asimismo, el médico envió para analizar una muestra de heces al laboratorio. Debían esperar el resultado. Dos días después, recibió la convocatoria por teléfono. Petra Bugar debía presentarse en la consulta. Las noticias del médico no eran buenas: «El cáncer ya está avanzado, debe operarse urgentemente».

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