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Psicología del trabajo

Convicciones disfuncionales en el trabajo

Los patrones de pensamiento negativos nos ponen límites, sobre todo en la vida profesional. ¿Cómo podemos librarnos de ellos?

ISTOCK / ARTMANNWITTE

En síntesis

Los humanos tendemos a los patrones de pensamiento: generalizamos las propias experiencias y las aplicamos a situaciones similares.

Los juicios peyorativos perjudican la autoconfianza. Este tipo de pensamientos disfuncionales se hallan muy extendidos, sobre todo en la vida profesional.

Los patrones de pensamiento negativos pueden superarse si se cuestionan de forma crítica y sistemática. Se pueden practicar diversas estrategias para ello.

Los pensamientos pueden estimularnos para que rindamos al máximo, pero también pueden convertirse en un obstáculo enorme. Sin ir más lejos, las convicciones negativas sobre nosotros mismos y el mundo nos perjudican, particularmente en el terreno laboral. Nos desmotivan, merman nuestra autoconfianza y, de este modo, afectan nuestro rendimiento diario.

Pero estos patrones de pensamiento no se han desarrollado sin más, sino que incluso resultan útiles: simplifican y estructuran el entorno y nos protegen de fracasos posteriores. De los errores aprendemos que algo no nos conviene y que debemos evitar situaciones similares en el futuro.

Sin embargo, semejante estrategia también puede resultar desfavorable. Las convicciones disfuncionales, ideas en las que creemos a pie juntillas aunque carezcan de lógica y no nos lleven a ninguna meta, conducen a que nos quedemos por el camino. Si tras suspender un examen de matemáticas, un estudiante se convence de que es un negado para las ciencias, esa conclusión sobregeneralizada impedirá que alcance éxitos posteriores. También decisiones fundamentales como la elección de la carrera universitaria o profesional crean a menudo en las personas convicciones como: «La psicología me parece muy interesante, pero con mis escasas dotes para las matemáticas nunca conseguiré aprobar la difícil asignatura de estadística que se imparte al inicio de la carrera».

Desde 2012 hemos encuestado en la Universidad de Coblenza-Landau a más de 600 trabajadores y directivos de diversas empresas acerca de sus patrones de pensamiento relativos a su profesión. Basándose en una escala del uno al cinco debían valorar en qué medida estaban de acuerdo con 75 enunciados. Entre ellos se podía leer: «Para mí, un fracaso es una catástrofe absoluta». Asimismo, los participantes realizaron diversas pruebas para evaluar la memoria operativa, las capacidades de resolución de problemas y el ritmo y esfuerzo a la hora de trabajar. También indicaron, de forma anónima, su salario y éxito profesional.

Errores de pensamiento muy extendidos

Los probandos informaron de pensamientos como «mi jefe no me ha saludado hoy; no me puede soportar» (sobregeneralización), «seguro que algo va mal» (catastrofismo) o «con certeza que al cliente no le interesan unos principiantes en el mercado como nosotros» (atribución). Estas suposiciones no son ninguna excepción; en realidad se encuentran muy extendidas: casi el 90 por ciento de los encuestados en nuestro estudio declararon caer con regularidad en al menos uno de esos patrones de pensamiento. Asimismo, más de la mitad de los sujetos manifestaron pensamientos contrafácticos («Si hubiera elegido otro trabajo...»). Por término medio, tales ideas les venían a la cabeza unas dos veces por semana. Dichos pensamientos no sirven de ninguna ayuda, puesto que no reflejan perspectivas ni oportunidades en el trabajo actual ni tampoco aportan posibilidades profesionales alternativas que se ajusten mejor con uno mismo. Más de la cuarta parte de los encuestados presentaban patrones de pensamiento sobregeneralizados («Hablar en público no se me da bien») o dicotómicos («O así o de ninguna manera»).

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