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El pequeño gran cerebro de las aves

La estructura neuronal de los pájaros explica, en parte, el porqué de sus capacidades cognitivas. 

ISTOCK / MANAKIN

Los loros, como el guacamayo azulamarillo, poseen un cerebro tan pequeño como una nuez. A pesar de su reducido tamaño, contiene un número de neuronas sorprendentemente elevado; incluso supera al de los macacos, cuyo cerebro mide aproximadamente lo mismo que un limón.

Con el fin de averiguar el modo en que se organizan las neuronas en las aves, científicos dirigidos por Suzana Herculano-Houzel, de la Universidad Vanderbilt, exploraron el encéfalo de dos docenas de especies avícolas. En concreto, centraron su atención en el palio, estructura considerada la corteza cerebral de los pájaros y que, como tal, ejerce de sede de los procesos cognitivos superiores.

En los loros y aves canoras, la densidad de las células nerviosas que se alojan en dicha región casi dobla la de los primates. En comparación con los roedores, animales que poseen un cerebro de un tamaño igual que el de esas aves, el número se cuadruplica.

Una razón para la densa acumulación de neuronas radica en el principio económico de construcción del cerebro aviar. Las neuronas de los mamíferos forman múltiples conexiones a larga distancia, por lo que las neuronas deben ser relativamente grandes. En cambio, en las aves, la mayoría de las células se conectan de manera local; solo algunas se unen a través de trayectos más largos.

Aunque no exista una relación directa entre el número de neuronas y la inteligencia, este estudio podría explicar por qué muchas especies de ave poseen capacidades cognitivas que, por lo general, no se atribuirían a un cerebro de reducidas dimensiones. Así, los cuervos destacan por su maña para esconder el alimento de sus compañeros y robar comida mediante el engaño; otros pájaros son capaces de manejar herramientas o de imitar sonidos complejos.

Fuente: PNAS, vol. 113, págs. 7255-7260, 2016

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