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1 de Marzo de 2017
Historia de la medicina

Enfermos mentales evacuados durante la guerra civil

A partir de diciembre de 1936, centenares de pacientes salieron desde las «salas de dementes» del Hospital Provincial de Madrid para viajar hasta los manicomios de Alicante, Murcia y Almería. También se les alojó en balnearios y conventos repartidos por el país.

El Sanatorio Psiquiátrico Nacional de La Isabela, en Guadalajara, albergó a cientos de enfermos mentales durante la guerra civil. En la actualidad solo quedan sus ruinas, con la peculiaridad de que estas únicamente pueden verse cuando el agua del embalse de Buendía desciende. La vista que el pantano muestra en esas ocasiones resulta sobrecogedora. [CHUS CORDEIRO / CORTESÍA DE OLGA VILLASANTE]

En síntesis

Los pacientes del servicio de neuropsiquiatría del Hospital Provincial de Madrid fueron evacuados al Hospital de San Juan de Alcalá de Henares durante la guerra civil. En muchos casos, sin informar a las familias.

A finales de 1936 se habilitó el balneario Real de La Isabela, en Guadalajara, como Sanatorio Psiquiátrico Nacional. Albergó 300 enfermos mentales.

El convento de Asunción de Calatrava de Almagro se convirtió en un gran nosocomio y frenocomio de guerra. El lugar alojó pacientes crónicos procedentes de Madrid. Entre ellos se hallaban numerosos tuberculosos y enfermos mentales.

A lo largo de la historia, la atención a los enfermos mentales no ha sido un tema prioritario para las autoridades sanitarias. La guerra civil española, que fragmentó España a partir del 18 de julio de 1936, añadió todavía más penuria a su situación: numerosos pacientes fueron trasladados a cientos de kilómetros de su domicilio, muchas veces sin que las familias fueran informadas. ¿Cuál fue el destino de los centenares de enfermos madrileños evacuados lejos de sus hogares durante el enfrentamiento civil?

La pérdida y destrucción de numeroso material de archivo ha mantenido un silencio sobre la suerte de pacientes y cuidadores durante la guerra civil, roto solo en algunos casos, como el de los enfermeros asesinados en el monasterio asturiano Santa María de Valdediós. Así mismo, descubrir las diferentes alternativas que se buscaron para los enfermos mentales que se alojaban en las hacinadas «salas de dementes» del Hospital Provincial de Madrid resulta complicado, puesto que, después de la guerra, algunas de las instituciones fueron destruidas o casi nadie las conoce, como el Manicomio de Saelices. Otras fueron anegadas por el agua, entre ellas, el Balneario Real de La Isabela, en Guadalajara. En el convento de la Asunción de Calatrava de Almagro, que se usó a modo de hospital y manicomio de guerra y que hoy funciona como hospedería, ni siquiera existe un mínimo recuerdo de quienes nacieron, trabajaron, sufrieron o fallecieron allí, lejos de los suyos.

Los primeros meses de la guerra civil

El 7 de noviembre de 1936, el mismo día en que el Gobierno de la República se trasladó a Valencia y se constituyó la Junta de Defensa presidida por el General Miaja, se evacuaba el Sanatorio Neuropático de Carabanchel Bajo. Este disponía de unas 40 camas y era propiedad del neurólogo y psiquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (1886-1971), descubridor de la forma de epilepsia rara que lleva su nombre. Gracias a la gestión de Ramón Alberca, director del Hospital Psiquiátrico de Murcia desde 1928, algunos de esos enfermos madrileños fueron admitidos en dicha provincia. Por otra parte, el 4 de diciembre del mismo año, el Sanatorio del Doctor Esquerdo [véase «José María Esquerdo Zaragoza (1842-1912)», por J. M. López Piñero; Mente y Cerebro n.o 33, 2008] fue bombardeado, y los casi doscientos pacientes que albergaba fueron trasladados a la Clínica de Las Piqueñas, sita en Carabanchel Alto. Posteriormente, se les envió a una finca situada en el municipio madrileño de San Martín de Valdeiglesias, propiedad de la familia Esquerdo.

Además de ingresar en los citados sanatorios, los enfermos mentales madrileños fueron trasladados a la Clínica Neuropsiquiátrica del Doctor León y la de Nuestra Señora de Los Ángeles o acababan en las salas de dementes del Hospital Provincial. Cuando se consideraba que su patología era crónica, se les ingresaba en el Manicomio de Leganés o en los sanatorios de Ciempozuelos, al sur de Madrid. La entrada de las tropas franquistas en ambas localidades, entre diciembre del 1936 y febrero de 1937, interrumpió la comunicación entre la capital y estas instituciones, por lo que se hizo necesario habilitar nuevos espacios para los enfermos.

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