Ideación

¿Un día horrible? No intente pensar en cosas gratas. Limítese a pensar con rapidez. Según un nuevo estudio, la aceleración del pensamiento mejora el estado de ánimo.
© fotolia / STEPHEN COBURN
¿Un día horrible? No intente pensar en cosas gratas. Limítese a pensar con rapidez. Según un nuevo estudio, la aceleración del pensamiento mejora el estado de ánimo. Investigadores de Princeton y Harvard, en seis experimentos, hicieron pensar rápidamente a los sujetos de su estudio, exigiéndoles que generasen en 10 minutos tantas ideas como les fuera posible para ciertos problemas (aunque fueran disparatadas); les hicieron leer deprisa una serie de ideas presentadas sobre una pantalla y contemplar en avance rápido un clip de vídeo de la serie I Love Lucy. Otros participantes realizaban tareas similares, pero con calma.
De los resultados obtenidos se desprende que, al pensar velozmente, los probandos se sienten más ufanos, más creativos y --en menor grado-- con más energía y vigor. Las tareas que inducen a pensar velozmente, como al resolver un crucigrama fácil, o un acelerado torbellino de ideas para un problema pueden reforzar la energía y levantar el estado de ánimo, opina Emily Pronin, directora del estudio.
Pronin señala que pensar así puede entrañar también consecuencias negativas. En quienes padecen trastorno bipolar, los pensamientos pueden agolparse con celeridad tal, que el sentimiento maníaco engendre aversión. Y en otro artículo reciente, Pronin y una colega proponen que, aunque el pensamiento veloz y variado puede suscitar ufanía, los pensamientos repetitivos (y rápidos), en cambio, pueden provocar ansiedad. (Ambas autoras conjeturan, además, que el pensamiento diversificado y tranquilo conduce a la mansa y plácida felicidad que acompaña a la meditación reflexiva, mientras que el pensamiento lento y repetitivo tiende a mermar la energía y espolear pensamientos deprimentes.)
Aunque no está clara la razón de que la velocidad con la que se piensa afecte al estado de ánimo, Pronin y su grupo sospechan que nuestras propias expectativas tal vez sean premisa en un silogismo. Habían descubierto, en investigaciones anteriores, que se tiende a creer que las ingeniosidades dan una prueba de buen humor. Esta popular creencia puede llevarnos a inferir instintivamente que, si pensamos con rapidez, es porque nos sentimos felices. Además, al pensar rápidamente puede que en el cerebro dé rienda suelta al sistema de dopaminas, un sistema que adora las novedades y que participa en las sensaciones de placer y de recompensa.
El "subidón" que se obtiene del pensamiento rápido puede ser transitorio, pero "estas pequeñas oleadas de emoción positiva son acumulativas", afirma Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de California en Riverside. Se ha demostrado en numerosos estudios que el sentimiento de felicidad engendra una miríada de efectos benéficos, entre ellos, mayor productividad, un respaldo social más robusto y una función inmunitaria más eficiente, explica Lyubomirsky, quien añade que "incluso breves períodos de entusiasmo pueden dar paso a espirales ascendentes".

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.