Labios que besan

El acto de besar es más complejo de lo que parece: transmite poderosos mensajes al cerebro, al cuerpo y a la pareja.
© FOTOLIA / 26KOT
Cuando dos seres humanos se funden en un beso fruto de la pasión, se produce un intercambio de aromas, sabores, texturas, secretos y emociones. Besamos furtiva, lasciva, suave, tímida, ávida y copiosamente. Besamos a plena luz del día o envueltos en la oscuridad de la noche. Damos besos ceremoniosos, afectivos, al estilo de Hollywood, besos de muerte y, al menos en los cuentos de hadas, besos que resucitan a princesas.
Los labios pueden haber evolucionado desde el acto de alimentarnos, para después desarrollar el habla; pero al permitirnos besar satisfacen otro tipo de necesidades. Los besos desencadenan en el cuerpo una oleada de mensajes neuronales y sustancias químicas que transmiten sensaciones táctiles, excitación sexual, sentimientos de intimidad, motivación e incluso euforia.
No todos los mensajes acontecen en el interior de una sola persona. Sin duda, besar es cosa de dos. Cuando dos cuerpos se funden, la información que enviamos a la pareja es tan poderosa como la que nos enviamos a nosotros mismos. Los besos pueden transmitir información importante sobre el estado y el futuro de una relación. Tanto es así que, según investigaciones recientes, si un primer beso sale mal, puede estropear una relación, en un inicio, prometedora: acaba con ella al instante.

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