Masa crítica

Los procedimientos de neuroimagen no aclaran por sí solos cómo funciona nuestra mente. Si bien miden la intensidad de la señal neuronal, en muchos casos no indica de qué depende tal magnitud.
jeff zelevansky Getty Images
El desarrollo de los modernos procedimientos de neuroimagen desencadenó una verdadera revolución científica. Durante siglos se ha considerado el cuerpo y el alma, el cerebro y la mente, como realidades estrictamente separadas una de otra. Cuando la tecnología posibilitó la toma de instantáneas del cerebro en acción, ambas esferas parecieron fundirse de golpe: determinados rendimientos mentales se podían ahora constatar mediante modelos excitativos fisiológicos.
Desde entonces han surgido muchas variantes de neuroimagen. Pero ¿qué miden realmente métodos tan complicados como la resonancia magnética funcional (RMf), la tomografía por emisión de positrones (TEP) o la magnetoencefalografía (MEG)? Respuesta: miden distintos signos de actividad neuronal, como por ejemplo, la concentración de oxígeno liberado en la sangre de los vasos sanguíneos cerebrales; esto es, la denominada señal BOLD (del inglés Blood Oxigene Level Dependent, señal dependiente del nivel de oxígeno sanguíneo). Las manchas coloreadas del escáner cerebral no reflejan directamente el "disparo de las neuronas", sino que permiten tan sólo concluir indirectamente que existe actividad cerebral [véase "El necesario escepticismo sobre los escáneres cerebrales", por Michael Shermer; Mente y cerebro n.º 44]. Pero, con todo, éste no es el principal problema.

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