Prosperar gracias al egoísmo

Por qué a los infractores les conviene castigar a quienes son como ellos.
jeff zelevansky Getty Images
Es la paradoja del altruismo: si todos los miembros de un grupo se ayudan entre sí, todos se benefician; sin embargo, cuantos más trabajan de manera desinteresada por el bien común, más tentador resulta engañar, ya que aprovecharse del resto reporta mayores beneficios personales. Pero cuando los egoístas explotan a los generosos, la recompensa que todos obtienen del altruismo se torna cada vez menor.
Todas las criaturas sociales, desde los humanos hasta los insectos y los microorganismos, han de lidiar con semejante problema. Si no lo hacen, los aprovechados esquilman al grupo hasta acabar con él. Pero ¿cómo prospera el altruismo? Durante años han predominado dos teorías: la selección por parentesco (que explica la ayuda mutua entre parientes genéticos) y la reciprocidad (la tendencia a echar una mano a quienes nos han ayudado antes). A estas dos explicaciones el biólogo evolutivo Omar Tonsi Eldakar ha añadido otra más: los aprovechados ayudan a preservar el altruismo mediante el castigo a otros aprovechados; una estrategia bautizada como "castigo egoísta".

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