Superstición

Derramar la sal, romper un espejo, pasar por debajo de una escalera o topar con un gato negro significa, aún hoy, una señal de mal augurio para muchas personas. Diversos estudios revelan por qué la creencia en fenómenos sobrenaturales continúa tan arraigada en los humanos. Al parecer, la sospecha de relaciones allí donde no existen garantiza la supervivencia.

© Fotolia / Eric IsselEe

En pleno siglo XXI, ni la astrología ni la videncia ni la magia han desaparecido. Al contrario: entre los ciudadanos alemanes, por ejemplo, creer en los buenos o malos presagios resulta más común que hace un cuarto de siglo, según una encuesta realizada por el Instituto de Demoscopia de Allenbach en 2005. Así, el 42 % de los encuestados consideraba un trébol de cuatro hojas como presagio de buena suerte. Datos de la National Science Foundation de 2002 muestran también que más del 40 % de los norteamericanos están convencidos de que el demonio, los espíritus o los fenómenos sobrenaturales, como las curaciones milagrosas, existen.

Ni siquiera los científicos resultan inmunes a la superstición: en el año 2008, Richard Coll y sus colaboradores de la Universidad de Waikato en Hamilton (Nueva Zelanda) preguntaron a 40 representantes de distintas disciplinas, entre ellos, físicos, químicos y biólogos, acerca de sus ideas sobre los fenómenos sobrenaturales. Algunos manifestaban creer en el efecto curativo de las piedras preciosas; otros se mostraban convencidos de la existencia de espíritus o extraterrestres. La mayoría de los encuestados basaban tales afirmaciones en experiencias personales o publicaciones convincentes. De esta manera, algunos de los científicos sostenían que amigos o colegas suyos superaron una enfermedad grave apelando a un poder superior. Los científicos escépticos, en cambio, fundamentaban su rechazo a tal creencia, casi siempre, a través de consideraciones teóricas.

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