GEHIRN UND GEIST / CAROLIN WANITZEK

Nuestro oído es una obra maestra de la mecánica: las ondas sonoras hacen vibrar al tímpano, esas vibraciones se transmiten a los huesecillos del oído, los cuales, a su vez, producen ondas de presión en las cámaras llenas de fluido coclear. Una vez allí, las células ciliadas sensoriales transforman las señales en impulsos eléctricos. Estos entran, a través del nervio auditivo y de diversas estaciones de conmutación (el colículo inferior, entre otras), a la corteza auditiva del cerebro. Es entonces cuando penetran en forma de tonos en la consciencia. Sin embargo, el mecanismo no siempre funciona de manera correcta: existen diversas formas de pérdida de audición. Veamos algunas.

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