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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Noviembre/Diciembre 2014Nº 69

Neuroimagen

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Historia de las imágenes cerebrales

Hoy en día existen numerosas técnicas de neuroimagen, pero ¿cuáles fueron los inicios de esta disciplina? Viajemos con la mirada por el pasado y presente del estudio cerebral.

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Observar directamente la estructura y el funcionamiento del cerebro resulta una misión imposible, al menos hoy por hoy, a pesar de que los investigadores se adentran cada vez más en esa tierra incógnita que alberga el cráneo. Se arman para ello de costosas técnicas, las cuales, por otra parte, han marcando, y lo continúan haciendo, la historia de las neurociencias. La posibilidad de visualizar las conexiones y los procesos neuronales depende de los métodos que se aplican para ello. Hagamos un repaso a una crónica compartida.

Ya en la antigüedad, los ilustrados, como Galeno de Pérgamo (c.a. 129-199 d.C.), sospechaban que el cerebro participaba de manera decisiva en la vida humana [véase «Galeno de Pérgamo (ca. 130-200)», por J. M. López Piñero; Mente y cerebro n.o 22, 2007]. Sin embargo, fue el médico inglés Thomas Willis (1621-1675) quien, por primera vez, en su obra Cerebri anatome de 1664, vinculó ciertas áreas cerebrales con diversas funciones cognitivas. Willis creía que la corteza (parte externa del cerebro con muchos pliegues) controlaba la memoria y la fuerza de voluntad. Las reacciones inferiores y automáticas las localizaba, en cambio, en el cerebelo.

Las descripciones de Willis se basaban, por un lado, en estudios anatómicos detallados de precursores; entre ellos Leonardo da Vinci (1452-1519) o Andrés Vesalio (1514-1564). Por otro, aceptó la idea de un sistema nervioso mecánico, propuesta formulada antes por el filósofo René Descartes (1596-1650). Según indicaba este último, el alma humana resulta de procesos acreedores de la inspiración divina pero basados en leyes tangibles. La creencia en el progreso de la era moderna concebía el cerebro como un aparato determinista.

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