Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Noviembre de 2014
Medicina

Terapia electroconvulsiva

A pesar de su éxito para tratar las depresiones graves, la terapia mediante corrientes eléctricas no goza de buena prensa. Con frecuencia, los pacientes rechazan este tratamiento por miedo a posibles dolores o secuelas. Un temor que carece de fundamentos.

CORTESÍA DE SARAH KAYSER

En síntesis

La terapia electroconvulsiva suele resultar eficaz en los pacientes con depresión grave que no responden a ningún otro tratamiento.

Esta técnica se inventó en los años treinta del siglo XX. Entonces causaba dolores y, en ocasiones, secuelas cerebrales permanentes. Hoy, las reacciones adversas de la terapia son escasas y reversibles.

En la actualidad se investiga la aplicación de corrientes eléctricas mediante campos magnéticos. Ello permitiría desarrollar una terapia más selectiva y menos agresiva.

Con los electrodos sujetos a la sien, el paciente soporta las corrientes eléctricas que recorren su cuerpo inmovilizado a la fuerza. El dolor insoportable desfigura su rostro. Un mordedor en la boca le impide dañarse la lengua. Escenas como la que aparecía en 1975 en la película Alguien voló sobre el nido del cuco impregnan aún hoy la imagen popular sobre la terapia electroconvulsiva (TEC). En el ya clásico largometraje dirigido por Milos Forman, los psiquiatras usaban este método para amansar y castigar a un internado rebelde (interpretado por Jack Nicholson).

Fuera del mundo del celuloide, la realidad explica que cuando los médicos italianos Ugo Cerletti (1877-1963) y Lucio Bini (1908-1964) introdujeron esta técnica de tratamiento, en 1938, suponía a menudo una auténtica tortura para el afectado, por más que la intención fuese combatir las psicosis. En esa época se disponía de poca información sobre cómo utilizar la novedosa técnica, por lo que los médicos experimentaban con la duración e intensidad de las descargas eléctricas. Estas, además de los efectos deseados, comportaban con frecuencia graves lesiones al paciente. Pero su aplicación ha evolucionado. Hoy en día, la TEC se considera una forma de tratamiento indolora indicada, sobre todo, para tratar la depresión grave. De hecho, no conlleva más riesgos que cualquier otra intervención llevada a cabo bajo anestesia general breve.

Aunque la psicoterapia y los psicofármacos permiten combatir a menudo los episodios depresivos, la cuarta parte de las personas con trastorno de depresión presentan resistencia al tratamiento, es decir, no responden, como mínimo, a dos modalidades de terapia. Por lo común, se trata de individuos que han recurrido a varias psicoterapias en las fases depresivas; también han tomado fármacos elaborados con diferentes sustancias activas, mas no han obtenido resultados. En tales situaciones, la TEC suele surtir un efecto positivo.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.