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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Marzo/Abril 2014Nº 65

Neurología

Debate en torno a las neuronas espejo

A principios del siglo XXI se atribuyeron diversas funciones a las neuronas ­especulares: servían para imitar, entender y empatizar con los demás. Sin embargo, los investigadores empiezan a abrigar dudas sobre semejante polivalencia.

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Corría el año 2000. El neurólogo y director del Centro para el Cerebro y la Cognición de la Universidad de California en San Diego, Vilayanur Ramachandran, celebraba, no sin cierta grandilocuencia, el descubrimiento de unas células nerviosas específicas. No escatimó en buenos augurios: el hallazgo de las neuronas espejo sería tan importante para los psicólogos como lo fuera el del ADN para los biólogos. Ocho años antes, científicos de la Universidad de Parma habían encontrado las susodichas por casualidad, pues el objetivo inicial del equipo dirigido por Giacomo Rizzolatti era averiguar el modo en que los primates planificaban sus movimientos [véase «Las neuronas especulares», por Steve J. Ayan; Mente y cerebro n.o 8, 2004]. Con ese fin primero, examinaron en macacos la actividad neuronal de una región de la corteza cerebral especializada en los movimientos finos de la mano. Las neuronas de los animales se excitaban cuando el individuo en cuestión agarraba un fruto. Reacción neuronal normal. La sorpresa vino a continuación. Las mismas neuronas se activaban en el cerebro del macaco si este observaba a un investigador que tomaba una ciruela pasa.
 
Al parecer, las células nerviosas de los monos reproducían la escena que veían como si fueran ellos mismos los que se llevaran la pasa a la boca. Rizzolatti y su equipo sospecharon que el mecanismo que acababan de descubrir contribuía a que las personas podamos entender las acciones que observamos en los demás. De esta manera, las neuronas espejo de los humanos permitirían «imitar internamente» los actos ajenos y clasificarlos como acciones deliberadas.

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