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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Marzo/Abril 2014Nº 65

Neurociencia

La ofensiva cerebral

Estados Unidos, Europa y Asia pretenden airear los «secretos del cerebro» con sus respectivos macroproyectos. ¿Tienen estas iniciativas alguna posibilidad de éxito?

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El anatomopatólogo Thomas Harvey (1912-2007) debía ocuparse de una celebridad un día de primavera de abril de 1955: sobre la mesa de autopsias del Hospital Princeton yacía el cadáver de Albert Einstein. Harvey le extrajo el cerebro, que pesaba 1230 gramos; lo fotografió desde diferentes ángulos, también le practicó 240cortes, elaboró las preparaciones microscópicas correspondientes, fijó el resto del órgano en formol y, finalmente, lo colocó dentro de una caja de sidra que se encontraba en su despacho. No preguntó nada a la familia del fallecido.

La curiosidad científica y, probablemente también, el afán de reconocimiento impulsaron a Harvey a enviar algunas de sus preparaciones a reconocidos neuropatólogos. La pregunta que más interés le suscitaba, tanto a él como a otros muchos investigadores, era si la estructura cerebral de Einstein poseía alguna peculiaridad que explicara las extraordinarias facultades del físico. Cerca de sesenta años después, se sigue tratando de descubrir los entresijos de la individualidad y genialidad humana; lo único que ha cambiado en este tiempo es el espectro de métodos de que se dispone, hoy más amplio.

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