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Efectos de la pobreza en el cerebro del bebé

Desde el segundo año de vida, los niños criados en entornos con menos recursos económicos y educativos muestran un funcionamiento más inmaduro en áreas cerebrales importantes para la atención y el aprendizaje.

Bebé con la red de sensores. [CORTESÍA DE CHARO RUEDA]

Una cuestión fundamental en el estudio del desarrollo humano ha sido conocer la influencia del ambiente y la experiencia durante la infancia en el desarrollo de las capacidades cognitivas del individuo. Muchos datos indican que los padres con un nivel educativo alto fomentan el desarrollo del lenguaje del niño. Pero el efecto que tiene la educación de los padres en una habilidad tan sujeta al aprendizaje como es el lenguaje sorprende poco. Más llamativo resulta que el estatus socioeconómico también media en el desarrollo de habilidades cognitivas como la atención, la memoria y la inteligencia. Investigaciones recientes indican que el nivel socioeconómico familiar se asocia con el desarrollo de las regiones cerebrales que sustentan estas habilidades. De este modo, un ambiente educativo y económico pobre puede contribuir a un rendimiento escolar bajo.

Lejos de pretender estigmatizar a las familias con menos recursos, estas investigaciones intentan ahondar en el conocimiento de los aspectos relacionados con la pobreza que pueden constituir factores de riesgo para el desarrollo neurocognitivo infantil. En este contexto, exploramos el efecto del nivel socioeconómico familiar en la capacidad de los bebés para detectar errores, una medida que permite evaluar de forma temprana el sistema cerebral relacionado con la atención y el aprendizaje. Centramos nuestro estudio publicado en Developmental Science en el análisis de la actividad neuronal en el lóbulo frontal, región que se relaciona con el desarrollo del control atencional.

Detectar situaciones inesperadas

Durante la segunda mitad del primer año de vida, los bebés comienzan a desarrollar su capacidad de control de la atención. Por ejemplo, aprenden a orientarla hacia un lugar de la escena donde aparece con frecuencia un objeto interesante antes de que este vuelva a surgir. El hecho de que anticipe la atención movido por la expectativa indica que el bebé controla la atención y no es la mera presentación del objeto la que le incita a mirar allí.

Desde un punto de vista neurológico, el desarrollo del control de la atención se halla asociado a los cambios madurativos que tienen lugar en el lóbulo frontal, la parte más anterior del cerebro. En los primeros dos años de vida se produce un incremento notable del volumen de la sustancia gris (cuerpos neuronales) y el grosor cortical en esta región cerebral; también aumentan las conexiones entre neuronas de esta y otras partes del cerebro, cambios que se van a extender a lo largo de toda la infancia y gran parte de la adolescencia.

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