La ciencia de una amistad

Desde hace milenios, el perro se considera el mejor amigo del hombre. ¿Cómo consigue este animal integrarse en la sociedad humana como un miembro más de la familia?

Las personas pueden desarrollar con su perro una relación de apego, similar a la que mantiene una madre con su hijo. [HUBERT AUER FOTOWORK]

En síntesis

La competencia social de los perros les ha ayudado a encajar en la vida humana. La domesticación ha moldeado su comunicación y sus habilidades de aprendizaje.

La relación de apego conforma la base social de la colaboración entre humanos y canes. Su fuerte vínculo también facilita la sincronización comportamental y emocional.

Estos animales de compañía destacan por su conducta social flexible, aunque solo manifiestan este rasgo si los humanos invierten en ellos el tiempo necesario y ponen esmero en su relación.

En un centro de investigación ubicado en Hungría, a orillas del Danubio, comenzó a crecer un vínculo emocional entre un conserje nocturno ya mayor y un viejo perro de vigilancia llamado Balthasar, que vivía allí. En ocasiones, el animal pasaba el día en casa del portero. «Desgraciadamente, esta relación duró solo unos meses, pues el conserje enfermó y, finalmente, murió», escribe Vilmos Csányi, fundador del Departamento de Etología en la Universidad Eötvös Loránd de Budapest, en su libro If dogs could talk («Si los perros hablaran»). Poco después de la muerte del conserje, los investigadores del centro advirtieron que Balthasar desaparecía de vez en cuando, sobre todo por las mañanas. «Seguimos al perro para saber qué hacía durante esas ausencias», explica Csányi. «Descubrimos que cruzaba la muy transitada autopista para ir a la casa de su amo adoptivo en el pueblo, donde permanecía sentado durante horas.»

Las relaciones entre el ser humano y el perro han protagonizado innumerables y fascinantes historias; no precisamente porque se trate de vínculos poco frecuentes. Observe a su perro o a cualquier otro can del vecindario. ¿Cree que puede convertirse en su mejor amigo? Sin duda, estos animales son muy diferentes a nosotros; se comportan de manera distinta, no parecen afines a la cultura y no saben pronunciar ni una sola palabra. Sin embargo, la mayoría de las personas de las sociedades occidentales consideran a los perros auténticos miembros de la familia. En la actualidad, la ciencia comportamental comienza a arrojar luz sobre cómo se forjó esta amistad.

Hace menos de 20 años que los equipos dirigidos por el psicólogo Michael Tomasello, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, y nuestro grupo, en Budapest, publicamos sendos artículos de investigación sobre cómo estas mascotas son capaces de seguir las indicaciones y los gestos humanos para encontrar comida. Los respectivos trabajos marcaron el nacimiento de un campo de investigación en torno a los fundamentos biológicos del vínculo entre las personas y los canes. Desde entonces, los investigadores han aprendido que los humanos y sus compañeros sabuesos viven una relación de apego, del mismo modo que una madre con sus hijos. Disfrutan de la compañía mutua y encuentran apoyo recíproco en circunstancias potencialmente desafiantes. Las relaciones de apego también establecen la base para la cooperación: los humanos ayudan a los perros a hacerse camino en la sociedad moderna y, a cambio, ellos nos ayudan cuando necesitamos una habilidad específica, como la vista. Además, si se maltrata a un perro, puede desarrollar síntomas psicológicos similares a los que presenta un niño con apego deficiente.

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