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Actualidad científica

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  • Mayo/Junio 2017Nº 84

Entrevista

«La historia no se puede planificar»

El experto en teorías de la conspiración Michael Butter explica los procesos y errores intelectuales que caracterizan a los defensores de tales fabulaciones.

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¿Qué se entiende por teoría de la conspiración?

Dicho de manera sencilla, se trata de la suposición de que un grupo de personas han convenido en secreto seguir un plan para provocar determinados acontecimientos en el mundo.

Sin embargo, la idea de que en el ámbito político y económico se desarrollen reuniones secretas para tomar decisiones y concebir planes no parece tan descabellada.

El politicólogo estadounidense Michael Barkun habló en una ocasión de los tres supuestos básicos de las teorías de la conspiración: todo está relacionado con todo, todo está planificado y nada es lo que parece. El segundo punto me parece decisivo, pues la historia no se puede planificar. Está claro que acontecen reuniones y declaraciones de buenas intenciones entre personas importantes, pero es improbable que permanezcan en secreto durante mucho tiempo y que produzcan los grandes acontecimientos planeados. En nuestro día a día también lo vemos. Tras una reunión de trabajo, pocas veces ocurre lo que se ha propuesto después de una larga discusión.

¿Ignoran los defensores de las teorías conspirativas que existe la casualidad o que muchos acontecimientos no pueden controlarse?

Así es. También los conocimientos de las ciencias sociales modernas se muestran insuficientes para este tipo de explicaciones. Hoy sabemos que los sistemas sociales complejos, con sus muchos participantes que persiguen propósitos distintos, producen efectos automáticos que nadie había deseado de manera consciente que sucedieran de esa suerte. Los que creen en la conspiración no pueden aceptarlo. Podría decirse que perciben la historia desde atrás. Observan un suceso y se preguntan: ¿quién ha salido beneficiado? Ese es el responsable. Por ejemplo, es totalmente cierto que George W. Bush utilizó los atentados del 11 de septiembre para poner en práctica su agenda política. La suposición de que por ese mismo motivo su Gobierno encomendó los ataques, ¡es una cosa muy distinta!

¿Se trata de explicaciones simples?

Solo en parte. Las teorías de la conspiración simplifican las cosas en algunos aspectos, porque nombran a culpables que podemos señalar con el dedo. Pero, a la vez, logran un tipo de complejidad. La idea de que Lee Harvey Oswald disparó a John F. Kennedy porque era un psicópata es una explicación simple. La idea de que ahí había una gran conspiración de la mafia, la CIA y parte del Gobierno estadounidense es, en cambio, mucho más compleja.

 

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