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  • Mayo/Junio 2017Nº 84
Avances

Psicología

Los padres de las víctimas de actos violentos son más vulnerables a los trastornos psíquicos

Después de un ataque homicida, los síntomas de angustia y depresión persisten incluso en los familiares de los supervivientes. Las estrategias de intervención deben tener en cuenta a los padres y a las madres.

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Noruega, viernes 22 de julio de 2011. En la isla de Utøya, el ultraderechista Anders Breivik da caza a unos jóvenes que participan en un campamento organizado por el socialdemócrata Partido Laborista. Múnich, cinco años más tarde. Un homicida de 18 años de edad abre fuego en un centro comercial. Durante horas, nadie sabe cuántos tiradores se encuentran en el lugar. Finalmente, cinco familias reciben la peor de las noticias. A otros padres se les informa que su hijo está vivo. Ha tenido suerte en la desgracia.

Ante estas situaciones, las familias de los fallecidos son, sin duda, las más afectadas. No obstante, el trauma también deja una profunda huella en las personas cuyos hijos han sobrevivido. ¿Qué atormenta a estos padres y madres?

Investigadores del Centro Noruego de Estudios sobre la Violencia y el Estrés Traumático en Oslo han indagado la respuesta. El equipo, dirigido por la psiquiatra infantil Grete Dyb y la psicóloga Siri Thoresen, encuestó a padres de los supervivientes de Utøya pasados cuatro o cinco meses del atentado; también catorce o quince meses después. Casi 350 familiares, entre ellos más madres que padres, proporcionaron información en ambas ocasiones. En total participaron en el estudio dos terceras partes de las casi 500 familias de jóvenes que habían sobrevivido a la matanza.

Aunque ninguno de los progenitores se hallaba en Utøya durante los 90 minutos que duró el ataque, 263 padres o madres (casi el 60 por ciento) estuvieron en contacto con sus respectivos hijos a través del teléfono o por mensaje de texto. Un total de 82 supieron que su hijo se encontraba herido.

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