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1 de Noviembre de 2018
Neurociencia

Náuseas durante el embarazo

A muchas embarazadas les molesta el más nimio estímulo olfativo: ya sea el humo del cigarrillo del vecino, el desodorante de la pareja o el olor de su mascota. ¿Por qué?

ISTOCK/BOBBIEO

En síntesis

La mayoría de las mujeres gestantes cree que su capacidad olfativa mejora durante el embarazo. Con frecuencia, esa nariz más «sensible» se acompaña de malestar y vómitos.

Sin embargo, los estudios revelan que el umbral olfativo no disminuye durante el embarazo. Lo que varía es la percepción de los estímulos olfativos: ciertos olores resultan, de repente, desagradables.

La sensibilidad olfativa y las náuseas se deben a unas hormonas relacionadas con la gestación, entre ellas, la gonadotropina coriónica humana.

Las intervenciones en el foro en línea sobre el embarazo resultan descriptivas y reveladoras. «¡Auxilio! De repente todo huele mal. Antea­yer bañé a mi perro; ahora su olor me parece repugnante. No lo puedo tener cerca. El perfume de mi hija, el olor de mi marido, de mi cocina, del comedor... todo apesta. ¿Conocéis esta situación?» «Me sucedió algo parecido durante el embarazo. Todo me provocaba malestar y náuseas. El suavizante, el jabón, el dentífrico, el detergente del lavaplatos, el ambientador. Incluso el olor de las almohadas. ¡Era terrible!»

Estos dos comentarios cristalizan la experiencia de muchas mujeres gestantes, sobre todo, en los primeros meses de embarazo. De hecho, las encuestas revelan que alrededor de dos tercios de las futuras madres perciben que su sentido olfativo es más sensible que antes. A menudo, ello se acompaña de náuseas e, incluso, de vómitos. Algunas embarazadas se muestran tan sensibles a los olores que preferirían no tener que abrir nunca más la puerta del frigorífico.

¿Qué se esconde detrás de estas informaciones subjetivas? ¿Es cierto que las embarazadas poseen un olfato más fino? Para averiguarlo, se expuso a un grupo de mujeres, entre ellas algunas gestantes, a sustancias que desprendían olores de distinta intensidad. Las participantes debían indicar, presionando un botón, si percibían el olor. En caso de que la respuesta fuera afirmativa, los experimentadores repetían la prueba con un estímulo olfativo menos intenso. El proceso se repetía tantas veces hasta que las participantes dejaban de pulsar el botón del «sí». En ese momento, los investigadores aumentaban de nuevo la concentración de las moléculas olorosas de manera progresiva, y en cada prueba repetían la pregunta. De esta forma, establecieron el umbral de percepción olfativa de cada una de las mujeres.

A pesar de los comentarios subjetivos, como los que se pueden leer en el foro sobre el embarazo o los que oímos de primera mano en nuestro entorno, los científicos no han hallado ninguna relación entre el estado de gestación y un aumento de percepción olfativa. Numerosos equipos han efectuado el experimento descrito, algunos de ellos modificándolo un poco y usando distintas sustancias aromáticas (anís, mentol, pescado, entre otras), mas ninguno ha obtenido resultados definitivos. Tampoco la capacidad de identificar y denominar determinados olores parece que se altere en las embarazadas. Entonces, ¿cómo se explica la tan extendida creencia de que poseen un olfato más sensible?

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