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Acoso escolar

Para muchos niños el colegio representa un verdadero martirio. No porque tengan malas notas o soporten maestros severos, sino a causa de la violencia sufrida de sus compañeros.

No había noche en que no la tomaran con Basini. Le sacaban de la cama y le llevaban, escalera arriba, hasta el desván, donde ningún profesor pudiera oír sus gemidos. Le obligaban a desnudarse y, acto seguido, le azotaban la espalda. Desnudo e indefenso, el muchacho se encogía en cuclillas sobre las tablas del suelo. Sus mortificadores le apremiaban: "Di que eres un animal". Tampoco los otros escolares defendían a Basini. Durante el día, le rodeaban en el patio del colegio y le hacían la rueda, hasta que "ensangrentado, cubierto de polvo y con los ojos vidriosos, de animal herido, caía al suelo".

El cuadro que sobre la pubertad dibuja Robert Musil en Las tribulaciones del estudiante Törless lleva fecha de 1906. Lo que acontecía tras los muros de una real institución imperial dedicada a la formación de cadetes podría parecerle al lector actual una estampa de un tiempo venturosamente ido. Sin embargo, la aplicación de la fuerza bruta de muchos contra uno, encubierta por los compañeros y pasada por alto, consciente o inconscientemente, por los profesores, sigue siendo habitual en las escuelas un siglo después. Para lo que Musil no halló un nombre, los psicólogos han dado con "acoso" (mobbing) o "intimidación" (bullying). Aquí emplearemos indistintamente un término u otro.

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