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El olfato

Comparado con la visión y la audición, el sentido del olfato ha venido recibiendo una ponderación menor. Por una razón: apenas nos percatamos de que los aromas impregnan toda nuestra existencia.
"Con olor a flores, muy femenino, deja un rastro de yodo o de concha de ostra en la nariz, del que se desprende un aroma puro a rosas." Así describe un experto enólogo su percepción de un tinto Burdeos, cosecha de 1954. Sólo la olfacción puede transmitirle el aroma del caldo para saborearlo en toda su amplitud.
Amén de regalarnos un placer sensorial, los aromas influyen en múltiples planos de nuestra vida: nos ayudan a orientarnos, nos alertan, regulan nuestra conducta sexual y social, inciden en nuestro estado de ánimo y emociones y evocan recuerdos. Sorprende, pues, la escasa atención a nuestro sentido del olfato como elemento poco desarrollado, razón por la cual se ha calificado a la especie humana como micro-olfateadora. Para la ciencia, que apenas se ha ocupado de la percepción humana de los olores, nos encontraríamos ante un sentido menor.

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