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1 de Marzo de 2005
Psicología social

Empatía

El hombre no se encuentra a gusto solo; por eso dispone de un don sin par: ponerse mental y emocionalmente en el lugar de otros. Hoy ese dominio constituye una nueva rama de la investigación.

© Dreamstime / Bosakanna

En síntesis

El ser humano dispone de la facultad de compartir las emociones, es decir, tiene el don de la empatía. Diversas regiones cerebrales se hallan involucradas en dicho proceso.

La expresión facial es uno de los estímulos clave en el trato con otras personas.

Las neuronas espejo hacen posible que reconozcamos la intención de una acción; también las informaciones almacenadas sobre los propios estados de ánimo nos ayudan a predecir las vivencias emocionales en los demás.

Entre las notas distintivas de Homo sapiens se numera la de ser social. Sufre a menudo cuando lleva uno o dos días sin tener contacto con sus congéneres. De ese fenómeno, la biología infiere que las diferencias con respecto a los simios antropomorfos, nuestros parientes más cercanos, radican menos en las capacidades sensoriales o motrices que en nuestro talento extraordinario para la interacción y la comunicación. Algunos neurocientíficos avanzan un paso más: sólo la vida en comunidades complejas y la competición que ello comporta "en pos de un comportamiento social lo más adecuado posible" han hecho surgir determinadas capacidades cognitivas del hombre.

En torno a ese dominio se ha forjado una nueva rama de la investigación, la neurociencia cognitiva social (NCS), que se propone comprender la neurobiología del comportamiento y las relaciones humanas. Desde hace unos veinte años, la tomografía de resonancia magnética funcional (TRMf) y otras técnicas permiten observar el cerebro mientras desarrolla su actividad. Gracias a ello, tenemos una idea bastante exacta de cómo los sistemas de nuestros sentidos reconocen colores, formas, movimientos y objetos. Sabemos, además, qué áreas cerebrales nos permiten aprehender un objeto y la zona encefálica donde se planifican y almacenan procesos más complejos de actuación.

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