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Terapia centrada en la persona

Quien rompe una y otra vez a llorar sin motivo o está permanentemente abatido, no suele entender la razón. La terapia centrada en la persona puede ayudar en estos casos a conocer mejor la vivencia propia y, en consecuencia, a modificarla.
La señora Blázquez acude a la primera sesión de terapia acompañada de su marido. Probablemente, como ella confiesa, no lo habría hecho sola y eso por dos motivos. En primer lugar, hace ya algunas semanas que no sale de casa sin su marido o su hija. "Tengo mucho miedo a caerme en la calle", se justifica. En segundo lugar, el ultimátum dado por su marido de romper el matrimonio ha influido decisivamente en que se sometiera a la terapia.
Los problemas de la señora Blázquez afloraron hace unos cuatro años. El desen­cadenante fue un accidente mortal de una amiga íntima, cuenta esta mujer de 44 años con voz monótona y llorosa. Con su pérdida sufrió lo indecible y se fue recluyendo en su casa y en su interior. Abandonó incluso su trabajo profesional, que realizaba desde su hogar. Apenas ha reunido el ánimo suficiente para ocuparse de las labores domésticas. Ni ella misma se entiende, y eso le angustia.

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