Las máscaras de la histeria

La histérica reproduce síntomas de enfermedades que tienen un origen orgánico. El psiquiatra ha de discernir entre lo verdadero y lo falso mientras la enferma se complace en embrollar las pistas.
La histeria es una afección psicológica perteneciente al grupo de las neurosis. La sufre el uno por ciento de la población mundial. Desde un punto de vista psicopatológico, las neurosis son benignas en la medida en que no se acompañen nunca de una ruptura con la realidad (a lo que se llama delirio), ni de una desorganización de la personalidad (a lo que se llama disociación). Pero si atendemos al paciente, las neurosis entrañan una notable minusvalía social que le limita mucho en el vivir de cada día. La conciencia de esa limitación le empuja a la consulta del médico.
Todos tenemos algún asomo de neurosis (miedo a las arañas, temor a las serpientes, tendencia a comprobar si hemos apagado la luz o cerrado la puerta o la llave del gas al irnos de vacaciones, etc.). Estas pequeñas inquietudes tan corrientes se convierten en patológicas cuando obligan al sujeto a organizar en función de ellas su vida entera (por ejemplo: no salir de casa por temor a un accidente o lavarse las manos 50 veces al día por miedo al contagio).

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