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Danza en lugar de pastillas

Bailar puede atenuar los síntomas de las personas con párkinson, devolverles la alegría de vivir y mejorar su autonomía. ¿Pueden beneficiarse de la danzaterapia también pacientes con otras enfermedades?

El baile no solo resulta divertido, sino que también puede ayudar a mantenerse en forma mental y físicamente. [DEAN MITCHELL / GETTY IMAGES / ISTOCK]

En síntesis

La danza puede aumentar la calidad de vida de las personas que padecen párkinson, atenuar depresiones y ansiedades y mejorar las capacidades ­cognitivas, motoras y sociales de los pacientes.

El cerebro de las personas que ven danzar o se imaginan los movimientos cuando bailan muestra una actividad similar a la que se observa cuando ellas mismas efectúan los pasos de baile.

Desde 2019, el sistema sanitario de Gran Bretaña e Irlanda del Norte contempla los cursos de danza como prescripción social, es decir, medida terapéutica total o parcialmente financiada por el Estado.

Desde hace unos años, José Manuel Ortiz* padece párkinson. Su brazo derecho no cesa de temblar y le provoca un dolor constante. Se mueve con lentitud y la inseguridad le invade al caminar o mantenerse de pie.

La enfermedad de Parkinson es neurodegenerativa. Se caracteriza por la muerte de las células dopaminérgicas que se alojan en la sustancia negra, una pequeña área del mesencéfalo que se encarga del control motor y del ciclo de sueño y vigilia, entre otras funciones [véase «Bases moleculares de la enfermedad de Parkinson», por E. Fernández Espejo; Mente y Cerebro, n.o 22, 2007]. Pero los síntomas difieren de paciente a paciente y resultan difíciles de reconocer al inicio del trastorno. Es en una fase patológica posterior cuando los movimientos ralentizados y rígidos, los temblores y los problemas para controlar las manos y las piernas resultan más visibles. Con frecuencia, los pacientes sufren soledad, pues dichos síntomas les dificultan el contacto social.

Ortiz también se sentía aislado con frecuencia. Pero eso era antes. Hace unas semanas que está mejor, ríe y camina con mayor seguridad. ¿Qué medicamento le habrá recetado ahora el médico?, se preguntan sus familiares y amigos. El nuevo tratamiento se llama danza.

Considerada patrimonio cultural milenario y universal, la danza se desarrolló, probablemente, como consecuencia de la optimización de la motricidad fina de los humanos gracias al uso de herramientas. Además, permitía la comunicación dentro del grupo y fortalecía los vínculos. El psicólogo evolutivo Robin Dunbar afirma, por su parte, que la danza surgió por una razón concreta: al crecer el tamaño del grupo, la desparasitación entre dos individuos dejó de ser posible, por lo que el baile constituía una suerte de acicalamiento colectivo sin contacto físico.

Desde hace tiempo, los bailarines conocen los beneficios físicos y psíquico que aporta su actividad, pero los científicos no se interesaron por esos efectos hasta los dos últimos decenios. En la actualidad, ya son numerosos los estudios sobre el cuerpo y el cerebro de los bailarines. Así, hasta 2005 solo se había publicado un artículo sobre el efecto cerebral de la danza, mientras que ahora se pueden encontrar cada año una docena de publicaciones científicas si se introducen las palabras clave «danza» y «cerebro» en Pubmed, un banco en línea de datos médicos. Incluso en los campos «danza» y «rehabilitación», la cifra se ha triplicado desde 2012.

Ortiz no es el único paciente que se beneficia de la danza. En Europa y Estados Unidos existen numerosos grupos de danza para afectados de párkinson o demencia. Los neurocientíficos muestran cada vez más interés por investigar el efecto beneficioso del baile para las personas con enfermedades neurodegenerativas. En 2019, Graham Kerr y otros científicos de la Universidad Tecnológica de Queensland examinaron en detalle los estudios sobre el efecto de la danza en el párkinson publicados hasta entonces. Hallaron que, al parecer, el baile mejora sobre todo la velocidad, el tiempo de marcha y las capacidades cognitivas generales de los afectados. Además, el llamado «bloqueo motor» (la paralización repentina) disminuye. Concluyeron que el baile atenúa los síntomas de la enfermedad de Parkinson.

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